Germen vs Medio

Germen vs Medio

Antes de mediados del siglo XIX, predominó la llamada “teoría de los humores” sobre la salud humana. Básicamente esta teoría aceptaba que la salud aumentaba o disminuía en función de la dieta y actividad de cada persona: el desequilibrio con el medio establecía la enfermedad.

Con la invención del microscopio en el siglo XVII, se había iniciado la observación de los gérmenes y los descubrimientos se multiplicaban. A partir de que, en 1876, Robert Koch aprecia que los microorganismos causan enfermedades, se multiplican los experimentos para establecer relaciones causales más precisas. Posteriormente se dio una fuerte controversia entre Antonie Béchamp y Louis Pasteur, que ha llegado hasta nuestros días, y cuya resolución a favor del segundo a sido determinante para el futuro del tratamiento de las enfermedades. La importancia que tuvo, y sigue teniendo, este enfrentamiento, requiere conocerse con más detalle:

La confrontación entre Béchamp y Pasteur

Antonie Béchamp (1816-1908), biólogo y químico francés, inicio su investigación antes que Pasteur -quien conocía los descubrimientos del primero-. Béchamp observó que todas las materias orgánicas, protegidas de los gérmenes atmosféricos, de forma espontánea se transforman, lo que le hizo suponer que los agentes que alteran o descomponen están en su interior. Por otro lado, fue un firme defensor y estableció las bases para la comprensión del pleomorfismo (habilidad del organismo a cambiar en respuesta a cambios en el medio).

Bèchamp, descubrió que dentro del organismo habitan “las partículas más pequeñas de la vida” a las que denominó microzimas. Afirmaba que toda forma viva se construye a partir de las microzimas y son el final vivo de éstas tras un proceso de descomposición. Son el final y principio de toda forma de vida.

Cuando la salud es deficiente (malnutrición, intoxicación, estrés, etc.) las células se deterioran y degeneran creando un ambiente acido. La microzima se transforma para adaptarse a los cambios y puede terminar siendo un agente patógeno. Por lo que, para Bèchamp, los gérmenes no son la causa de la enfermedad sino el resultado, debido al estilo de vida del paciente al interactuar con un medio insano.

Claude Bernard, otro contemporáneo de Béchamp y Pasteur, entró en el debate sobre el origen de la enfermedad, dando en cierto modo razón al primero, al indicar que los microbios cambian y se desarrollan como resultado de cambios del medio orgánico interno en el cual viven, donde es determinante el pH. La enfermedad, para Bernard, ocurría “de adentro hacia afuera”, es decir que cuando el cuerpo acumula toxicidad, interna o externa, se produce la enfermedad. Esto genera un ambiente ácido que algunos gérmenes encuentran favorable para vivir, multiplicarse y transformarse en patógenos.

Louis Pasteur (1822-1895), químico y bacteriólogo francés, realizó descubrimientos sobre todo en química y microbiología. La pasteurización, los antibióticos y las vacunas aparecen tras sus investigaciones. Él es el autor de la teoría de los gérmenes, fundacional en la medicina actual.

La teoría germinal de las enfermedades infecciosas, afirma que la enfermedad tiene su causa en un ente vivo microscópico con capacidad para propagarse entre las personas, además de ser el causante de procesos como la descomposición o la fermentación. En ese momento Pasteur fija la causa de la enfermedad a un ente que es externo al sujeto, mientras que antes, desde los griegos por ejemplo, la causa provenía del interior del enfermo debido a un desequilibrio con el medio, tal como enunciaba la teoría de los humores.

La teoría del germen en un principio resultó ridícula, ¿cómo es que algo tan pequeño, casi invisible, pudiera ocasionar alguna enfermedad al ser humano? Incluso fue catalogada de poco científica. También tuvo fracasos significativos en un buen número de experimentos, incluso causando muertes y pérdidas económicas a las entidades que siguieron sus consejos. Sin embargo, animada por su potencial rentabilidad para la incipiente industria farmacológica, se fue imponiendo a las teorías rivales.

Más que como una demostración, como el mismo Koch afirmó, estos son unos criterios que permitirían demostrar la influencia de los microbios en relación a la enfermedad que se les achaca:

  1. El agente patógeno debe ser encontrado en abundancia en todos los organismos que sufren la enfermedad, pero no en organismos sanos.
  2. El agente debe ser implantado en un cultivo axénico puro, aislado del cuerpo del animal.
  3. El agente aislado en un cultivo axénico debe provocar la enfermedad en un animal al serle inoculado.
  4. El agente debe ser aislado de nuevo de las lesiones producidas en los animales de experimentación y ser idéntico al inoculado originalmente.

Actualmente, la teoría del germen, es el fundamento que da cobertura teórica a productos tales como los antibióticos, las vacunas o, en general, a buen número de tratamientos farmacéuticos, y ha sobrevivido a otras teorías para convertirse en la base de la industria de las enfermedades. Conforme se fueron vislumbrando las posibilidades financieras de la teoría, fue poco a poco incorporando adeptos y, en la actualidad, se invierten colosales cantidades de dinero para investigaciones sobre microbios y para producir fármacos.

Apuesta por la versión del Medio

En esta breve reseña histórica sobre las causas de la enfermedad y el papel de los gérmenes, en general, se aprecian dos modos de considerar el ambiente y dos modos de entender la función de los gérmenes:

  • La hipótesis 1, considera que la principal causa de la enfermedad son los gérmenes que están por todo el ambiente y, al entrar en nuestro organismo, crean la enfermedad. Esto también explicaría el fenómeno de la facilidad con que la enfermedad contagia. Básicamente, esta sería la hipótesis que se mantiene en la teoría del germen: los gérmenes patógenos vienen de fuera del organismo.
  • La hipótesis 2, focaliza su atención en los factores que polucionan o desnaturalizan el medio como la causa primera de la enfermedad. La interacción del organismo con estos factores, crea condiciones adversas para la vida celular llegando a romper el equilibrio interior. A partir de este principio consensuado, aparecen algunas divergencias sobre el mecanismo interior que crea la enfermedad: puede ser que la función metabólica pierda su eficiencia debilitando las células, que haya gérmenes que se vuelvan patógenos, que se debilite el sistema inmunitario y pierda eficacia para mantener a raya los elementos patógenos o, en general, que se deteriore cualquier mecanismo u órgano vital para el mantenimiento de la vida orgánica.

Se puede apreciar que ambas hipótesis podrían también ser complementarias: puede que desde el medio entren en el organismo tanto gérmenes como toxicidad, sin embargo, hay buenas razones para poner en entredicho la hipótesis de que la causa de la enfermedad se debe exclusivamente a gérmenes patógenos que vienen de fuera.

Es curioso apreciar que, la rapidez con que evolucionan las teorías en las distintas ramas del saber, no se observa con la teoría del germen, que continúa en vigor y con pocas modificaciones desde el siglo XIX. Más aún cuando, con datos reales, todos y cada uno de los postulados de esta teoría levantan serias dudas:

  1. Afirmar que “hay un germen que causa un efecto para todos los casos conocidos”, es discutible si se ve dicho efecto en nuevos casos y no se observa la presencia del germen.
  2. Sostener que “si se encuentra tal germen, se encuentra tal enfermedad”, no es coherente si se valoran casos en los que el germen se detecta en personas sanas.
  3. Indicar que “los gérmenes deterioran o destruyen el tejido vivo” es discutible cuando se distingue que más bien actúan sobre organismos no vivos.

Esta debilidad de la teoría del germen para establecer la relación causal entre enfermedad y gérmenes se puede apreciar mejor con la siguiente analogía: siempre que hay heces, aparecen las moscas, pero no es correcto deducir que las moscas sean la causa de las heces sino más bien su consecuencia. Del mismo modo, los gérmenes se sienten atraídos por los tejidos enfermos, pero no son la causa principal de la enfermedad. Medicamentos, vacunas, productos químicos de hoy en día, metales pesados, alimentos industriales, conservantes, entre otros, crean un ámbito tóxico que enferma las células y esto atrae a los gérmenes. Es cierto que al aparecer la enfermedad también aparecen los gérmenes, pero no son la causa de ésta.

La teoría del germen muestra dificultades para explicar los resultados de investigaciones recientes donde se aprecia que el equilibrio natural que existe entre el organismo y los gérmenes es lo que mantiene la salud del organismo. Solo cuando el tejido no está vivo, o está enfermo, es cuando actúan los gérmenes descomponiéndolo de forma que poco a poco se transforma en material inorgánico. Pensemos que la especie humana evolucionó con y por una buena relación con los gérmenes, no a pesar de ellos.

Se cuenta que Pasteur en su lecho de muerte dijo: “Bernard tenía razón, el germen no es nada, el terreno lo es todo” (terreno se entiende como el medio interno). Sin embargo, al momento de la muerte de Pasteur, la teoría microbiana de la enfermedad había llegado a ser tan rentable que la medicina moderna desestimó sus confesiones finales como nada más que las divagaciones de un moribundo.

La enfermedad no sería tal y como pregona la teoría del germen, sino que es un proceso más complejo que la simple idea del germen que ataca. Esta idea es muy útil para generar miedo en la población y pensar en un mundo peligroso del que sólo las vacunas y antibióticos nos pueden defender. Esa visión de “microorganismo malo – antibiótico bueno” es demasiado simplista y no responde adecuadamente a la enfermedad. Una mentira se convierte en verdad si tiene detrás, como razón, grandes cantidades de dinero y se instala, generación tras generación, como algo comprobado.

Si la causa de la enfermedad son los gérmenes que llegan del exterior, esto justifica comercializar un arsenal sin fin de “productos medicinales” para matarlos, pero si es el medio el que genera un desequilibrio orgánico, entonces lo que habrá que hacer es simplemente restablecer el equilibrio, modificando adecuadamente las interacciones con el medio. En este caso, la salud depende del conocimiento y medidas que adoptará el enfermo, mientras que en el primer caso, la cura no depende del enfermo sino que queda en manos del sistema sanitario (médicos y medicamentos, y demás).

Hoy en día las mayorías de las investigaciones giran en torno a los microorganismos y sus mecanismos para generar problemas de salud, mientras que pocas investigaciones se centran en la influencia de las condiciones poco saludables del medio para crear condiciones desfavorables para el buen desarrollo de las células. Esto no hace más que prometer un futuro incierto sobre la salud individual y social.


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