Mi Formación

Mi formación

En mi formación como investigador en Educación y Epistemología, llegué a conformar una teoría denominada “Constructivismo Orgánico (CO)” que, por su grado de generalidad, tiene potencial para dar una visión coherente y novedosa sobre enseñanza y aprendizaje, hacer una redescripción de la epistemología del Conocimiento de las Ciencias o aportar una nueva visión sobre adquisición de conocimiento y, en general, sobre Epistemología.

También CO podría aportar una especial interpretación del mundo Emocional y Sentimental, sobre la Evolución Cognitiva Humana y sobre Salud, en la interacción del ser humano con su entorno. En 2013, terminé el ciclo del CO dedicado a temas educativos, y ahora veo interesante abordar cuestiones sobre los cuidados de salud, al que le estoy dedicando tiempo desde inicios de la década de los noventa.

Así que para hablar “acerca de mí”, en primer lugar, abordaré brevemente el camino que me llevó hasta CO y cómo lo fui llenando de contenido. Después explicitaré el proceso de mi formación en cuidados de salud, y en particular, destacando las fuentes más relevantes de esa formación, y relatando el largo camino que me llevó a la autocura. Finalizaré aclarando cuáles son mis aportaciones a este documento en el apartado “Visión Interactiva de la Salud”.

Formación académica

A finales de la década de los setenta finalicé la licenciatura en Ciencias Físicas en la Universidad de Sevilla, que me llevó a la oportunidad de dar clases. En poco tiempo, comencé mi trayectoria en docencia, en la Facultad de Educación de la Universidad de Almería.

Las exigencias profesionales para la formación de futuros profesores me anima a complementar mi formación universitaria en Ciencias Físicas, con otra en la que profundizar en la epistemología del conocimiento individual y de las Ciencias. Así, mi interés inicial sobre cómo funciona el mundo inanimado, se desplazó a cómo enseñar los contenidos de Física, para que el alumnado los comprenda mejor, viendo la necesidad de estudiar los mecanismos cognitivos que se activan en el aprendizaje.

En las décadas siguientes, mi formación fue deslizándose por diversos dominios del conocimiento: si mis inicios se hacen en el ámbito de las Ciencias Físicas en el ámbito universitario, después prosigo con la historia de la Física y la Epistemología de las Ciencias, lo que por extensión me acercó al mundo de la Filosofía. Finalmente, terminé centrando mi formación en el dominio interdisciplinar de la adquisición del conocimiento donde realizo las publicaciones más relevantes.

En paralelo, la preocupación sobre cómo funcionan las cosas, va dando paso a otra centrada en cómo se enseña ese conocimiento al alumno, para llegar a cómo aprende éste. En cuestiones de aprendizaje, tomo como referencia principal a quien considero “mi maestro”, Jean Piaget, sin dejar a un lado al psicólogo Ignacio Pozo y otros autores de renombre en el ámbito del conocimiento, como Pascual-Leone, Claxton, Karmiloff-Smith, Case, Coll, Delval, entre otros, quienes me aportaron una perspectiva más amplia sobre la adquisición de conocimiento. Mis publicaciones más relevantes sobre CO son las siguientes:

  1. Marín, N. (2014). Constructos para describir el conocimiento individual / Constructo describe individual knowledge. Estudios de Psicología / Studies in Psychology, 35(1), English version: pp. 29–41 / Versión en español: pp. 42–53. doi:10.1080/02109395.2014.893652
  2. Marín, N. (2014). La enseñanza de las Ciencias desde la visión del constructivismo orgánico. Enseñanza de Las Ciencias, 32(2), 263–279.
  3. Marín, N. (2014). Constructos orgánicos para una redescripción de la epistemología de la Ciencia. Revista Eureka Sobre Enseñanza Y Divulgación de Las Ciencias, 11(3), 335–347.
  4. Marín, N. (2018), Constructivismo Orgánico, Editorial Académica Española. ISBN 978-613-9-01707-2.

Formación en cuidados de Salud

En cuanto a mi formación en temas de salud, ésta se inicia a comienzos de los años 90 cuando me suscribo a la revista de Salud de OCU (Organización de consumidores y usuarios) tomando, poco a poco, conciencia de cómo los productos de la industria alimentaria en los análisis de laboratorio, una y otra vez, desmienten las cualidades que les otorga la publicidad.

Ya en la década del 2000, la reconversión ecológica de nuestra finca de frutales me lleva a lecturas sobre el tema y, en particular, sobre los valores nutricionales de la fruta orgánica versus la convencional (entre otros, con Claude Aubert)

En 2002, recibí en un curso de un año, el título de Quiromasaje en la que aprendí sobre anatomía y técnicas de autocura mediante masaje y que, a la postre, me vino muy bien para solucionar mis dolencias.

En 2003, participé en una experiencia de diez días sobre alimentación natural, de los cuales cuatro fueron de ayuno, a la vez que recibía un curso sobre salud y alimentación natural, que me permitieron entender mejor las razones de ayunar. La vivencia me marcó profundamente y aportó criterios de salud natural que me han mejorado la salud desde entonces.

Otra de las experiencias que han marcado mi orientación y me han inducido a escribir sobre ello, primero en artículos sueltos y ahora en esta publicación, han sido las vivencias en una diversidad de países (Cuba, Costa Rica, Venezuela, Colombia, Brasil, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina) donde he interactuado con los medios naturales y culturales más diversos, con sus modos de alimentarse, sus hábitos y creencias de salud, el uso de remedios naturales para el tratamiento de diversos malestares, sus conocimientos y creencias tradicionales, etc.

En los últimos años, he continuado enriqueciendo mis conocimientos, en particular, con los cientos de artículos que encuentro en internet sobre salud natural. Esta mistura de conocimientos a partir de la formación y la experiencia que está detallada en los dos siguientes apartados.

Fuentes más relevantes comentadas

Resultaría tedioso mantener, en este nuevo libro, el rigor de las normas “APA” para citar las fuentes bibliográficas como he hecho tantas veces en mis artículos y libros. Es necesario hacerlo si uno quiere publicar en revistas de prestigio, pero en esta ocasión, comentaré de qué modo me han influido mis fuentes bibliográficas más relevantes en la elaboración de mis textos.

En el apartado “Visión interactiva de la Salud (ViS)” haré una valoración y ponderación más detallada de mis aportes en este libro.

Revista OCU de Salud

Es la primera fuente de documentación que me hace reflexionar sobre los convencionalismos y creencias sobre salud. En realidad, mi suscripción a esta revista a principios de 1990, no está directamente relacionada con la salud, sino con su éxito para analizar cualquier producto de mercado y ofrecer lo que ellos llaman “compra maestra”, es decir, el producto mejor al mejor precio.

La revista tiene una periodicidad mensual y cada dos meses vienen varios suplementos entre los que se encuentra el de salud que, finalmente, es el que más consulto. Los artículos donde se analiza si la publicidad que hace ese producto se ajusta a su contenido real son, con diferencia, los que más me han formado, tanto más cuando internet se convierte en la mayor fuente de de consulta para complementar la información de dichos artículos.

También me ha sido de gran ayuda, los análisis sobre aditivos y sus tablas sistemáticas para conocerlos mejor. Además, con frecuencia hay artículos de cómo sustituir un supuesto producto beneficioso por otro elaborado en casa. Así, por ejemplo, tras mostrar el poco valor de las bebidas deportivas, que hace más daño que beneficio, sugiere como mejor sustituto el zumo de dos naranjas, un limón y una pizca de sal ¡genial!

Formación relacionada con Casas de Reposo

Una buena parte de mi formación en cuidados de salud se lo debo a las casas de reposo, donde tuve experiencias excepcionales y he tenido contacto con una bibliografía de salud alternativa que es muy difícil de lograr en otros espacios más convencionales. Unos documentos los adquirí en la misma casa y otros fueron pedidos a las editoriales pertinentes.

A partir de 2003 que visité Casa Alborada (Coin, Málaga), no sólo he sabido mantener una vida de mayor salud y bienestar, a la vez, continúo escudriñando para tomar más información, visitando nuevas casas de reposo, realizando cursos y lecturas y, más aún, comprobando lo aprendido en mi propio cuerpo y vivencias.

Casa Alborada. Es el lugar donde en 2003 tuve una experiencia de ayuno dirigida por Fernando Royo (Bergara, 1956). Polifacético en cuestiones de Salud Higienista y Yoga, actividad en la que está plenamente centrado actualmente. La vivencia duró diez días, primero con una alimentación vegana que se iba reduciendo día a día, después cuatro días fueron de ayuno, para ir finalizando con una progresión, ahora en aumento. En paralelo, Fernando desarrolló un curso sobre salud higienista y alimentación natural, que me permitieron entender mejor las razones de ayunar. La vivencia me marcó profundamente y aportó criterios de salud natural para mantener hasta la actualidad, no solo los 55-57 Kg de peso, sino un estado de salud mayor que el que tenía antes y quitando progresivamente las pastillas. A mi paso en esta casa, compré bastantes libros relacionados con el curso.

Zuhaizpe. Es una casa de reposo situada en Navarra en las estribaciones de la sierra de Andía y Urbasa. Disponen de un amplio rango de actividades sobre alimentación, ayuno, psicoterapia, tratamiento de dolencias, dentro de un marco alternativo e higienista. Están dirigidas por especialistas organizados en torno al Dr. Karmelo Bizkarra, licenciado en Medicina y cirugía por la Universidad del País Vasco. En su web se pueden bajar de forma gratuita documentos cuyos contenidos van en línea con sus actividades. Excelente la revisión que se hace de la posición higienista de la Salud, la cual me ha influido bastante.

Tres Azules. Este centro de salud, está ubicado cerca de Cadalso (Cáceres) en un bonito entorno natural. En un marco higienista, la casa tiene un buen número de actividades, meditación, yoga, ejercicios, salidas, pero sobre todo su fuerte, en mi opinión, es la alimentación y, por supuesto, su complemento más contundente: el ayuno. Ellos disponen de varios documentos de corte higienista, con especial enfoque a la alimentación y el ayuno que suelen donar como parte de la bienvenida a sus talleres y cursos.

Caña Dulce. El enfoque de Caña Dulce es algo diferente a las casas anteriores pues se centra principalmente en la Permacultura, un modo agrícola diferente de relacionarse con las plantas de cultivo tomando como modelo el bosque autóctono. Se desarrollan actividades ligadas al huerto, se hace compost a partir de los materiales de las letrinas secas, etc. Todo en el marco de un agro sostenible, ecológico y dirigido por un entrañable Lucho Iglesias. Además, Matricia Lana su pareja, lleva el tema del Yoga y otras actividades grupales. En su biblioteca tienen una gran diversidad de libros y fue allí donde conocí la línea de la editorial Higea cuyas lecturas me resultaron muy atractivas.

Higea. Aunque no es casa de reposo, los cursos y vivencias están diseñados con su fuerte vínculo con la filosofía higienista propia de las casas de reposo, cuyas bibliotecas se nutren generosamente de los libros publicados por la editorial Higea. Esta es sobre todo una editorial que publica algunos autores de reconocido prestigio en salud alternativa, pero sobre todo de José Manuel Casado, un diplomado Higienista convencido y reconocido. Sus libros y artículos son excelentes para conocer íntimamente el mundo higienista y otras cuestiones relacionadas con la salud. Mi libro le debe mucho, principalmente en el capítulo sobre las enfermedades.

Páginas web de salud más consultadas

Web en Español del Dr. Mercola. Sin dudar, es la web más consultada, y además, sus artículos los he dispuesto a modo de libro, ordenado por temáticas desde 2014. Incluso me ha respondido a mis demandas en un par de ocasiones. Cualquier tema que deseo consultar, si no está en mi libro casero, lo busco en su web, y es que sus artículos están muy bien fundamentados en las mejores y más actualizadas investigaciones. Tiene una línea crítica con el sistema de salud que me parece muy valiente y ponderada. Últimamente, de tanto consultarlo, me he vuelto algo crítico con algunos planteamientos puntuales, y es que no se puede interpretar de forma mecánica la complejidad biológica de nuestro cuerpo.

Fitness Revolucionario. Es la web del mexicano Marcos Vázquez. Debo confesar que la primera vez que entré en esta web, con ese nombre de ataque, un predominio de rojos y negros en su diseño y su aspecto de socorrista de playa, pensé erróneamente que no me iba a dar muchas alegrías. Nada más lejos de la realidad, poco a poco me han ido cautivando sus planteamientos y su estilo rotundo. Sus artículos sobre alimentación, ejercicio y, en especial, sobre dieta paleo y cetogénica son excelentes, muy bien argumentados y mejor fundamentados. He bajado algunos de sus libros gratuitos y recibo periódicamente en mi correo sus últimos artículos.

Revista Dsalud. Una excelente revista que, aunque se edita y se organiza en España, tiene numerosos colaboradores por todo el mundo. De pago para acceder a sus artículos, los cuales tratan una gran diversidad de temas sobre salud, alimentación, salud alternativa, cáncer, la radiación electromagnética, los problemas digestivos y cardiovasculares, las vacunas, los bulos sobre enfermedades infecciosas, los efectos secundarios de los fármacos y del sistema médico, etc. Los artículos están muy bien fundamentados científicamente.

Mejor con Salud. Como la revista anterior, pero en este caso es gratuita, la unidad básica de sus contenidos es el artículo, pero tratan mayor diversidad de temas de salud tales como los remedios naturales, el bienestar, las dietas y recetas, la maternidad, y otras cuestiones relacionadas con el estilo de vida. Los artículos no tienen la profundidad y rigor científico que “Dsalud” pero mantienen gran calidad documental.

Páginas web con visitas más puntuales

La Página de la Vida. Una página web que me ha complementado las orientaciones higienistas de Higea y Casas de Reposo.

Nutrición Evolutiva. Sus contenidos son artículos que están principalmente relacionados con la nutrición, el ejercicio y una diversidad de artículos de salud, pero sin un orden estructural ni temático.

No Gracias. Es una organización civil internacional que pretende transparencia en el sistema de salud y, en especial, de la industria farmacéutica.

Lino Vita. Es una web que se dedica a vender sus productos, pero a mí me pareció excelente el modo de desarrollar el tema de los ácidos grasos y sus implicaciones para la salud. Buena explicación de por qué los aceites refinados son perjudiciales. Las muchas dudas que me quedaban sobre el tema, esta web las resolvió.

Salud y Nutrición. Web principalmente sobre nutrición y especializada en hacer reseñas de libros de alimentación. En particular, me sirvió bastante una reseña del libro “Estudio de China” donde se llega a conclusiones contundentes al comparar las enfermedades de comunidades chinas y de EE.UU, y estableciendo relaciones causales con el tipo de alimentación.

Aditivos Alimentarios. Una completa lista de aditivos alimentarios, aunque hay muchas más tan completas como esta.

Manipulando lo que comemos. El fuerte de esta web es en el área de la manipulación de alimentos, así como los elementos alergénicos, temas sobre los que organizan cursos online.

Sin Azúcar. Esta web es realmente especial, se centra en visualizar la cantidad de azúcar que tienen los productos de origen industrial. Altruista y generosa, muestra para el que quiera ver, los terrones de azúcar que tiene cada producto. Así de sencillo y didáctico. Dado el notable daño que genera el azúcar industrial a la salud, resulta muy aconsejable para que los consumidores tomen conciencia de la cantidad de azúcar que tienen los alimentos industrializados, que tanto daño hacen a nuestra salud.

Del tratamiento convencional a la autocura

A mis 40 años seguía un tratamiento convencional de mis enfermedades. Así el 28 de septiembre de 1993 enfermé de tal modo que el 16 de octubre continuaba en el mismo estado. Preocupado por esta persistencia me llevó a tomar algunas notas como estas:

“El problema reside en que la causa que me ha provocado la enfermedad ha hecho caso omiso a las pretensiones de los tratamientos medicinales mandados por el médico”.

“Los síntomas iniciales han sido atípicos: el primer día dolor muscular acusado y malestar y no había tos, por ello el médico me señaló que no podría ser un virus y que me lo trataría como una simple infección bacteriana y me mandó Gelocatil. A los tres días, como la enfermedad no remitía, otro médico me mandó: 1.- Ardine 1000 mg. y otro fármaco para la fiebre. Como aquello no valía para nada, y además, apareció algo de tos. Me manda, otro médico: 1.- Alonga Balsámica (antibiótico), 2.- Sekisan (jarabe) y 3.- lo propio para la fiebre”.

“Al término de tan fuerte tratamiento sin resultados, desesperado, visito al médico anterior y me indica que es una infección vírica para la cual no hay bien poco y me manda: 1.- Diflamil (antiinflamatorio), 2.- Bronco Aseptilex (jarabe). Y días después: 3.- Bronco-lizom (Subir nivel de defensas) y 4.- Cebión (vitamina C)”.

“Tampoco esto sirve de mucho y el 13 de octubre pido cita para ir al especialista que no observa nada en las radiografías y diagnostica bronquitis aguda para lo cual me manda: 1.- Klacid (antibiotico), 2.- Un antiinfamatorio,. 3.- Termalgil (si hay fiebre). Como no va bien el tratamiento, visito otro médico que me manda: 1.- Klacid (antibiotico), 2.- Diflamil (antiinflamatorio), 3.- Bronco Aseptilex (jarabe), 4.- Bronco-lizom (Subir nivel de defensas), 5.- Cebión (vitamina C). Administrado del siguiente modo: 10,30 de la mañana y 10,30 noche: Klacid, 14, 20, 2, 8: Diflamil. – Durante la mañana: Bronco-lizom y Cebión.  Cuando hay tos: Bronco Aseptilex. La enfermedad muy lentamente está remitiendo sobre mediados de octubre”.

Revisando ahora la preocupación que manifiesto por el cambio de médicos y el seguir confiado en sus planes de medicamentos, muestra claramente mi convencional credo en el sistema sanitario inculcado desde niño.

Mi toma de conciencia de lo que supone las medicinas y demás tratamientos para la salud la he ido tomando poco a poco, desde una actitud totalmente convencional, hasta el rechazo razonable actual. Y son algunas de mis vivencias con la cura de mis enfermedades la que quiero relatar aquí.

1. Dolor de cabeza (De vuelta de los Pirineos ‘1994)

El incremento de mi actividad intelectual ligada a la confección de mi tesis doctoral (de 1990 a 1994), me llevó al aumento de severidad del dolor de cabeza que siempre tuve, además con una frecuencia e intensidad hasta extremos preocupantes. Llegó un momento que cada dos días me daban punzadas de dolor intermitentes y regulares que hacía imposible mantener mi ritmo de trabajo. Este dolor se mantenía durante más de medio día y solía remitir después de tomarme alguna pastilla al efecto (normalmente Gelocatil). Tiempo después, el dolor aumentó en intensidad y me recetaron Hemicraneal que solía aliviarme en un par de horas. A cambio, casi con precisión matemática, cada dos días volvía mi dolor de cabeza. “Efecto rebote”, me dijeron los médicos.

Desesperado, hablé con amigos que habían padecido el mismo dolor y acudí a diferentes médicos que me mandaron distintos tratamientos. Algunos consejos y remedios me hicieron sobrellevar lo mejor posible mi periódico dolor de cabeza. Pero el dolor no remitía.

En la Semana Santa del año 1994, subí por primera vez a los Pirineos para hacer 3 semanas de senderismo. Sorprendido pude comprobar que día a día el dolor de cabeza iba remitiendo hasta que desapareció sobre el décimo día. Me hizo reflexionar mucho este suceso.

Primero, pensé que el cambio se pudo deber a los días de fuerte actividad física y a la consecuente oxigenación de la sangre, pero enseguida percibí que antes he hecho montañismo por las sierras de Almería, y más que aliviarse el dolor, con la altura me aumentaba. Había un nuevo factor que había que evaluar en su justa medida: la necesidad de más de una decena de días para que remitiera el dolor.

Me pareció plausible que una buena hipótesis sobre la causa de mi dolor de cabeza era la intensa y acelerada actividad intelectual. La idea no me llegó de golpe, sino que se fue gestando lentamente, pero una vez precisada, fue tomando solidez. Así que, cuando bajé del norte iba con la firme decisión de comprobar su certeza.

El único modo de comprobarla era disminuir el ritmo de trabajo a la vez que aumentaba mi actividad deportiva. Esto último me resultó más fácil. Comencé a salir más a menudo por las noches a dar largos paseos y procuré salir todos los fines de semana a la sierra. Por la fuerza de la costumbre, me costó mucho más bajar el ritmo del trabajo. Además, estaba en pleno desarrollo de mi tesis y tenía fuertes compromisos con otros investigadores para realizar colaboraciones, normalmente dirigidas a publicar.

Con las medidas adoptadas, noté que poco a poco volvieron las punzadas, pero estas eran menos intensas y más pausadas, con lo que pensé que tenía que seguir con el plan. El 13 de octubre de 1994 leí la tesis y fue entonces que sí pude comprobar que el dolor fue lentamente remitiendo hasta desaparecer por completo. Momento en que ya, salvo algún momento puntual de dolor de cabeza, desapareció ese problema para siempre.

2. Digestión lenta (Iguazu ‘1999)

Sin saber por qué, en el año 1999 tenía la digestión muy lenta y me creaba una fuerte opresión que me dificultaba respirar. De nuevo hice todo un periplo de visitas a médicos y los consecuentes medicamentos, pero aquello no remitía. Lo realmente gracioso es que unos a otros se contradecían y siempre el último aseguraba que iba a resolver mi problema. Llegué incluso a tomarme la típica y repulsiva papilla necesaria para después hacer un análisis con rayos X.

Lo cierto es que, desde mediados de la década de los 90s hasta finales, casi sin querer y por los fuertes compromisos adquiridos con otros investigadores fui incrementando mi actividad publicadora y por tanto, también el esfuerzo intelectual ¿sería esa la causa de mi problema? Bajé en lo que pude mi actividad, pero el problema de la digestión lenta y dolorosa continuaba.

Fue la época en la que tuve que ir a Sudamérica para impartir cursos en la Rioja (Argentina) y en Talca (Chile). El cambio de actividad, dedicado más a talleres y discusiones en entornos donde la gente habla mucho, lejos del esfuerzo concentrado de la creación de textos en mi despacho en España, me hizo comprobar que mejoraba en el ritmo de la digestión a pesar de que por esos lugares se come mucha carne.

Llegó el momento en que se normalizó mi digestión, lo que parece que me confirmó mi sospecha de que era de nuevo la “acelerada actividad intelectual” la causante de este nuevo problema de salud. Cuando volví de nuevo a mi despacho de la Universidad de Almería, tomé serias medidas para bajar más aún esa actividad. De hecho, tuve que revisar drásticamente mi estilo de vida porque veía que se me esfumaba mis ganas de recorrer a pie otros rincones naturales del planeta y, en sucesivos años incrementé notablemente, siempre que pude, esa nueva actividad.

3. ¿Podría vivir sin pastillas? (Casa de reposo Alborada, 2003)

En una experiencia de ayuno en Coín (Málaga) en la Semana Santa de 2003, la casa de reposo donde estuve, vendía libros con visiones alternativas de salud. Me llamó mucho la atención de que uno de aquellos libros de edición pobre (un buen número eran de la editorial Higea, descrita más atrás), hablaba de que es posible vivir sin pastillas, algo que fue motivo de debate entre los que estábamos en ayuno. La idea era seguir un cuidado de salud higienista donde es posible alejarse, poco a poco, de las medicinas.

Incrédulo en un principio, pensé que podía ser muy provechoso seguir unos cuidados que, además eran más económicos que los usuales, pero que costaba ir cambiando las creencias de toda una vida. Recuerdo que la primera medida fue tomar la fruta antes de la comida y me costó bastante practicarla. Después logré bajar la ingesta de pan, tomar un solo plato y sin muchas mezclas poco compatibles en las ingestas. Eran pequeñas decisiones que requerían algo de voluntad pero que, en efecto, las pastillas fueron, una a una desapareciendo de mi vida. Y hasta ahora.

4. Tendinitis aquiliana (Almería, 2005)

En 2005, por otoño, a pesar que hacía carreras todos los martes y jueves de la semana, un día anduve muy rápido durante largo tiempo y eso me ocasionó una tendinitis aquiliana en el pie derecho, que me llevó a andar con cierta cojera pues dolía a cada paso, aunque lo que más me dolió fue dejar de salir a correr. De inmediato, fui al fisioterapeuta que me mandó pomada, analgésico y antinflamatorio, pero la disfunción continuaba.

Preocupado, entré en internet y leí sobre mi problema y, en efecto, las distintas fuentes convergían en que era una inflamación difícil de curar. Mientras tomaba mis medicamentos, comencé a realizar los típicos y suaves ejercicios para el tendón que solo me remediaron algo el dolor.

Un día, en una de las fuentes de información leí “el tendón es un tejido cuyo metabolismo es lento”. Claro, eso explicaba que el proceso de cura estaba siendo más lento de lo que yo esperaba. Vi bastante plausible que el tendón tuviera esa lentitud metabólica dado que los tendones tienen una vascularidad reducida en comparación con el tejido muscular y otros muchos tejidos del cuerpo.

De pronto me vino la imagen familiar de la típica manta que se pone en las piernas las personas de edad y pensé que era muy posible que esto lo hicieran para tener más cálida esa parte del cuerpo más extrema, logrando con ello mejorar la circulación.

Si no fuera porque este abrigo adicional me pudiera curar mi tendón, jamás lo hubiera hecho, pero dadas las circunstancias coloqué la única manta de esas dimensiones: era la que ponía a mi hijo cuando era pequeño. De este modo, y progresivamente, durante el 4to o 5to día, fue desapareciendo el dolor, a la vez que continuaba realizando mis ejercicios de estiramiento y fortalecimiento de esa zona y, por fin tras cierto tiempo, pude continuar mis carreras todos los martes y jueves. Ya nunca tuve más problemas con mis tendones de Aquiles, sobre todo porque dedicaba a ellos mi atención para hacer ejercicios de fortalecimiento siempre que podía. Saltar a la comba es muy bueno.

4. Afonía (Ual, 2006)

En el curso académico 2006-2007, daba clases a los alumnos que iban a ser futuros maestros de educación infantil. Ese año aumentó el alumnado y tenía más de 120 alumnos por la mañana y unos 80 por la tarde, así que al forzar la voz poco a poco terminaba disfónico aunque después me iba recuperando.

El problema fue empeorando y me aconsejaron lo mismo que hacen otros profesores: utilizar un micrófono con amplificador. Vi la medida algo aparatosa pues me hubiera gustado algo así como hacer ejercicios para fortalecer la voz, pero no me quedó más remedio que usar este aparato fónico. También me mandaron las típicas pastillas para las cuerdas vocales, pero mis esfuerzos vocales en clase eran mayores que ese remedio.

Sabía que los cantantes de ópera, antes de salir al escenario dedican un tiempo para calentar la voz pero en ese momento no conocía más ejercicio que el clásico “oooommmm” del yoga. Por ese tiempo, tuve la suerte de conocer una maestra que había visitado al foniatra y parece que tras los ejercicios le había ido muy bien. Se trataba de una diversidad de ejercicios vocales que se realizaban durante 10 minutos, grabados en cinta magnetofónica.

Vi que mi coche era un habitáculo perfecto para hacer los ejercicios sin que nadie oyera las reiteradas y ruidosas escalas sonoras sin sentido y, además, tardaba de casa a la universidad algo más que la cinta, unos 12 minutos.

Comencé los ejercicios vocales con buen ánimo pues me disgustaba usar micrófono. Cual fue mi sorpresa que cada vez más, terminaba la clase con menos disfonía hasta que con el tiempo el problema desapareció. Parece ser que al ejercitar las cuerdas vocales, estas se hacen más resistentes, al igual que cuando lo hacemos con los músculos.

5. Dolor de oídos (Curso en Medellín’08)

En 2008, estuve dando un curso en la Universidad de Antioquia (Medellín, Colombia) en la primera quincena de abril de 2008. Poco a poco se me fue acumulando cera en el oído derecho hasta hacerse el taponamiento insoportable. Así que visité un médico que me extrajo con un aparato especial toda esa cera con lo que desapareció el problema. Por supuesto, me mandaron algunos medicamentos.

Sin embargo, periódicamente cada medio a un año, tenía que hacerme limpieza de oído ¿qué pasó para tener un problema que antes no lo tenía? ¿qué pudo cambiar en mi vida que fuera significativo para el funcionamiento del oído? Caí un día en la cuenta de que antes del 2008 y por más de 20 años, solía ir a nadar dos veces por semana, pero fui cambiando esta actividad por las carreras que me gustaban más. Pensé que pudiera ser que el agua que entraba en el oído, creaba un drenaje natural de la cera del oído, mecanismo que dejó de funcionar al cambiar mi actividad de un medio acuoso a otro seco.

Siguiendo con esta hipótesis y puesto que no quería volver a mis rutinas en la piscina, pensé que algo inmediato y cotidiano era dirigir el chorro de agua caliente de la ducha a mis oídos. Esta medida hizo que no necesitara hacer más visitas al otorrino, y hasta la fecha ya no he tenido problemas de taponamiento del oído.

6. La Fascia Lata (Trabajando de pie, 2010)

La fascia lata se sitúa en la parte latero-externa paralela al fémur. En un momento dado, comenzó a dolerme hasta el punto que tuve que dejar de correr. Alarmado por este contratiempo, visité a un fisiatraque me mandó las típicas pastillas y cremas, así como una ecografía. Como no se reducía la tendinitis comencé a investigar, viendo qué se decía en internet, desempolvando mis apuntes de mi título de quiromasajista del año 2003 y preguntando a mis allegados sobre este problema. En mis reflexiones buscando alguna causa, caí en la cuenta que mi reiterada posición sentada (unas 8 horas por día) era poco coherente con mis continuas actividades corriendo y haciendo senderismo.

Busqué como contrastar la idea de que estar mucho tiempo sentado, creaba cierto desequilibrio a una musculatura desarrollada por el ejercicio. En este caso se manifestó en la fascia lata pero podría haberlo hecho en cualquier otro elemento del aparato locomotor. Dejar el ejercicio no era la opción, pero tampoco podía dejar de trabajar. La solución fue probar a escribir de pie (justo como ahora estoy) a la vez que hacía estiramientos de la fascia periódicamente.

Funcionó tan bien tomar esta medida, que 8 años después sigo con ella (incorporando otros ejercicios adicionales) y ya no volví a tener más tendinitis de la fascia lata. Eso sí, estoy atento para cuando siento alguna pequeña molestia en la fascia, primero suelo darle un rico masaje y después hago estiramientos en la zona.

7. Meningitis en 2012 (a punto de morir, 2012)

Llegué de mi viaje sudamericano el 10 de febrero de 2012. Había estado en el continente sudamericano unos tres meses merodeando por Chile, Bolivia y Perú entre actividades docentes y medioambientales. Al llegar, abrumado por el trabajo acumulado, me puse a solventarlo a un ritmo tan frenético que a finales de ese mes, el día 29 me dio un terrible dolor de cabeza por el que me llevaron inconsciente a urgencias y así permanecí durante 11 días en estado de coma.

La experiencia fue traumática. Los médicos dijeron que estuve a punto de morir. Ya recuperado, como parte de la cura, fui recopilando información a modo de investigación de todo lo que me pasó en esos días, con la que escribí un relato a fin de desahogar mi conciencia que volvía una y otra vez a recrear aquella vivencia. El relato que titulé “De Vuelta de las Tierras Tenebrosas de los Señores de las Batas Blancas”, lo terminé de redactar tres años después. En él retomo, el historial médico oficial, los recuerdos de los que me rodearon estando en coma y los míos propios una vez recobré la conciencia.

En la historia oficial se narra que llegué inconsciente con una fuerte infección cerebral a la sala de urgencia del hospital y gracias a intensos cuidados médicos administrando buenas cantidades de antibióticos, sedantes, respiración asistida y demás tratamientos, lograron salvar mi vida tras 11 días de cuidados intensivos.

Tras mis indagaciones, creo desde mi subjetividad que la historia fue así: tuve fue una encefalitis aguda creada por mi estresada e intensa actividad intelectual mantenida durante 3 semanas que terminó por dejarme inconsciente, sabiendo el cuerpo que era la única manera de parar aquella locura.

Atendiendo al informe médico, la primera hipótesis médica fue que se trataba de una meningitis, inyectando una buena cantidad de antibióticos de amplio espectro. A los tres días llegaron los análisis que detectaron el nombre de la bacteria causante, cambiando a una medicación más específica. Por entonces, el frío de la habitación me había causado una neumonía para lo que pusieron otro tratamiento específico. Con tanto medicamento empeoré hasta el punto que me pusieron una máquina de respiración artificial y los correspondientes sedantes para que no la rechazara. También tuve episodios de convulsiones a los que aplicaron nuevos medicamentos para evitarlos.

Evidentemente estamos en un terreno especulativo hasta el punto que nunca sabremos qué hubiese pasado sin cuidados. Mi opinión subjetiva es que con el tratamiento intenso estuvo a punto de matarme, pero mi buena salud me salvó. Cuando volví en sí, estaba más muerto que vivo, no tenía fuerzas ni para levantar las extremidades, tenían que llevarme al baño, darme de comer, apenas articulaba palabras, no era capaz de hacer mi firma o escribir, y menos aún en el portátil. Tenía una cara que daba pena mirarme.

De haber muerto, lo más probable es que lo único que se habría anotado en mi informe médico es el gran esfuerzo que hicieron los médicos por salvarme la vida. Es evidente que hay que eximir a éstos de toda responsabilidad. Hubo un gasto enorme en recursos humanos y materiales (creo que el gasto fue de más de 6000 euros). Es cierto que “hay que ser agradecido en esta vida a las personas que han intentado ayudar” pero también lo es que “el paciente también tiene derecho a narrar como el cree que pudo pasar”. Habría que dar un tiempo a contrastar las opiniones de médico y paciente. Imponer como verdad lo dicho por el experto, no es ni razonable ni adecuado.

Mis consejos para la autocura

Estos procedimientos usados en las últimas 3 décadas para dar solución a los contratiempos de salud que me han ido surgiendo, los he ido manteniendo hasta ahora pues me aportan una vida bastante saludable. Son algunos más los casos que podría describir, pero creo que las siete vivencias de salud descritas son suficientes para extraer algunas conclusiones que pudieran ser útiles para el cuidado de la salud.

Los consejos son aplicables a tipos de enfermedad descritos anteriormente, que entran en el dominio de los usuales cuidados individuales de salud, pero no para aquellas de mayor entidad como traumas, infecciones con incidencia orgánica grave, hereditarias, etc., que requieren tratamientos propios de la medicina actual. Es evidente que tampoco para personas con imposibilidad de autocura como niños, recién nacidos, autistas, psicóticos, con problemas de demencia, etc. Estos consejos se muestran en un orden lógico y lineal cuando en realidad se han dado de un modo más complejo y sin el orden que aquí se da:

  1. Definir el síntoma con precisión. Es el primer paso para buscar una solución y se trata de analizar qué anomalía tengo para lo cual es bueno palparse y ver en qué acciones o situaciones aumenta y en cuáles disminuye. En la mayoría de los casos, normalmente con estas primeras observaciones, y acompañadas de información bien documentada por una diversidad de fuentes, se puede hacer un acercamiento a lo que sucede. Siempre será bueno contrastar la información adquirida con la opinión del médico. Lo que no hay que hacer, si queremos que el problema no se cronifique, es continuar como si nada pasara pues el organismo en sus quejas es sabio y no atenderlas es una irresponsabilidad.
  2. Buscar la causa. Si bien antes de los 90s solía hacer el protocolo convencional y que hace todo el mundo de ir al médico, poco a poco esta costumbre la fui alejando para intentar buscar solución por mí mismo y, en la medida que me daba resultados positivos, cada vez más he ido tomando confianza en mis decisiones. Fiel a la creencia de que la salud depende principalmente de las interacciones que tenemos con el medio, la reflexión es sobre todo “qué es lo que no he hecho bien”: un esfuerzo desmedido, un hábito poco saludable, una nueva conducta reiterada, una ingesta, etc. Normalmente por ahí está la causa.

También es posible que requiera tiempo encontrar la causa, incluso que se den errores para determinarla. No estamos buscando en el mundo mecánico de los objetos inanimados, sino en el mundo orgánico donde las relaciones causales son más complejas de localizar dado que con frecuencia son multifactoriales y la causa y el efecto se dan con cierto grado de distancia espacial y/o temporal. Aun así, nacemos relativamente sanos y todo desequilibrio tiene alguna causa que puede estar en el exterior con el que interactuamos, o en nuestro interior. En ningún caso, no es bueno creer que las desgracias “viene del cielo” o “me ha tocado a mí”; esta inacción no es buena para la salud.

  1. Tantear sabiendo. Establecidas las posibles causas del padecimiento, el camino que puede llevar a la autocura no es fácil y casi siempre requiere de procedimientos de ensayo y error. Es fácil desistir del empeño y terminar dando la responsabilidad de nuestra salud al médico. Tener en cuenta que, generalmente, la presión social de allegados y demás, suele insistir en que la visita al médico es lo correcto.

La estrategia de cura a seguir debe basarse en la confianza, pero con la flexibilidad que permite hacer modificaciones para adaptarse a nuevas situaciones, generadas por la vivencia que se está padeciendo. Crucial será tomar información médica, escrita o de allegados que han padecido el mismo problema.

Al decidir por la autocura, habrá que dedicar tiempo y fuerza de voluntad para conocer del desequilibrio que se padece para así llegar a definir las posibles soluciones. Cuanta más información tengamos mejor, para descartar del abanico de posibles causas y remedios, estableciendo las mejores relaciones causa-efecto. Y todo ello centrado en una buena relación con el propio cuerpo.

  1. En busca de la cura. Conocidas las causas del desequilibrio, ahora se trata de ver qué acciones y medidas nos pueden llevar a un nuevo equilibrio. Paciencia, tenacidad y voluntad son los mejores ingredientes para encontrar la cura. Normalmente, es la misma causa la que nos dará las mejores indicaciones para un adecuado tratamiento, aunque no siempre, pues la relación entre la causa y el efecto no es tan directa.

En el caso de problemas en el sistema locomotor, como la tendinitis aquiliana o de la fascia lata, buscar la causa se hace más fácil porque se identifican las conductas reiteradas algo insanas. En el caso del dolor de cabeza o de las digestiones lentas es algo más complejo, pues la causa está ligada a las tensiones intelectuales sobresalientes y sólo en circunstancias donde estas disminuyen se pueden intuir.

Conviene no olvidar, como se ha ido reiterando, que nos movemos en el dominio de los cuidados de salud y, en ningún caso, se dan consejos para curar enfermedades fuera de este dominio, si bien a lo largo de los siguientes capítulos se da indicaciones de cómo un cambio de estilo de vida pudiera revertir alguna enfermedad grave. Una vez localizada la causa, el camino a la cura no es fácil, pues hay que probar distintos tratamientos y realizar cambios que requieren tiempo para ver sus consecuencias. Aunque se pueda pensar que actuar así es un camino más largo que la visita al médico, tiene ventajas incuestionables:

  • Al no hacer un tratamiento dirigido a paliar los síntomas, sino modificar el estilo de vida o un hábito, la cura es permanente y, en caso que se repitiera, ya sabemos cómo actuar.
  • Se evitan los tratamientos costosos y de paso los efectos secundarios, demostrados de los medicamentos.
  • Si nuestro organismo se cura con tratamiento médico, perderá poco a poco su capacidad de autocura, y cada vez más dependerá del sistema sanitario.

El contenido de este documento intenta orientar para que seamos nuestros propios médicos en la medida de lo posible, desarrollando si es posible nuestra capacidad de autocuración y generando conocimientos útiles para lograr autonomía en nuestra salud.

No siempre la autocura funciona

Todos los problemas de salud abordados, no han terminado en cura, y como ejemplo paso a comentar una molestia que mantengo desde pequeño conmigo: los picores. Recuerdo que en la adolescencia me hicieron un análisis de sangre por este motivo y el médico indicó que tenía “exceso de ácido úrico” y que debería tomar “Zyloric”. Lo tomé durante varios años de ahí que me acuerde del nombre. Pero lo picores han seguido siempre, con periodos donde se incrementan y otros, donde disminuye.

He llegado a tener eccemas (ruptura mecánica de la piel por un reiterado rascar) en varios sitios del cuerpo, con voluntad y medicación, los he quitado, pero con el tiempo pasaron a otra zona. Cansado de este lastre, he ido haciendo un diario a fin de auto curarme como hice con otras molestias. He aquí una lista parcial de notas durante dos años:

  • 29-06-16 me baja sustancialmente los picores solo con fuerza de voluntad para no rascarme, asociando a algo muy grave la acción de rascarme y cambiando el rascado por caricias.
  • 20-07-16. Los picores siguen, pero les he dado un nuevo significado más psicológico y menos fisiológico pues me rasco más cuando tengo la posibilidad de hacerlo, principalmente a la hora de acostarme. Apenas me rasco en público o haciendo alguna actividad que me ocupa. En privado es cuando me rasco.
  • 10-09-17. En efecto, me rasco cuando tengo oportunidad y no en otros momentos. Es muy posible que la causa esté en la mente y, más concretamente, en el subconsciente.
  • 15-10-17. Podría ser que una descompensación afectiva me lleve a rascarme, al fin y al cabo, se pueden ver como caricias más intensas. Cuando acaricio el eccema en vez de rascarme también siento cierta compensación en la mente.
  • 23-11-17 Quiero desesperadamente evitar rascarme en el eccema al observar que mantengo un perverso equilibrio: si la piel está muy deteriorada o sangra, la tendencia es a no rascarme hasta que mejora, momento en que continúo con rascones más agresivos. Es posible que lo mantenga para tener un lugar donde compensas desequilibrios emocionales.
  • 11-12-17. Me ocurre que no me rasco a fuerza de voluntad, pero cuando estoy dormido, el subconsciente sueña en una situación que me da permiso a rascarme. Me despierto rascándome. El asunto es grave.
  • 27-12-17. Me parece que cuando disminuyo la ingesta de azúcares y glucosa baja las ganas de rascar, pero no es concluyente esta relación.
  • 25-07-18. Un jugo con remolacha, limón, ajo, perejil y miel parece que me alivia los picores. Parece que logra disminuir la intensidad de los picores, como si tuviera algo más de control.
  • 22-03-19. Cambiar el rascar por caricias convenciéndome que es lo mismo solo que con periodos de actuación diferentes. Se trata de dedicar más tiempo a la zona de la piel que sufre el picor con suaves caricias, evitando el agresivo rascar que no es otra cosa que maltrato. Parece que me rasco menos.

Se que los antihistamínicos y las cremas me quitan los picores por unos días, pero ahora ya no quiero soluciones parciales, dependientes y temporales. Solo admito remedios caseros o encontrarme con las verdaderas causas y actuar consecuentemente.

Valga también estas anotaciones sobre mi rascar para que se pueda apreciar el esfuerzo, voluntad y atención que supone buscar soluciones de salud por uno mismo. En las descripciones anteriores de autocura, muchos tanteos, dudas, vueltas a empezar, reformulaciones, etc., no aparecen. Del mismo modo que el tratamiento convencional de una enfermedad, no siempre la autocura logra su propósito totalmente. De hecho, la salud es también una cuestión de grado y no existe la salud perfecta.

Visión interactiva de la salud

Desde hace una decena de años he querido escribir sobre salud para recoger mis vivencias que solía dejar anotadas y los documentos que iba acumulando, tratando de aglutinarlo todo en un entramado conceptual que pudiera servir de fundamento que sirviera para aglutinar vivencias y documentos en un todo orgánico.

De las fuentes documentales comentadas, habría que destacar dos que conforman de un modo determinante el contenido teórico de CO: las teorías neodarwinistas de la evolución y la teoría epistemológica de Jean Piaget, en especial su libro “Biología y Conocimiento”. Ambas, me han servido para ir dando forma a lo que he denominado “Visión interactiva de la Salud” (en adelante ViS).

Así pues, la originalidad en este tratado sobre el cuidado de la salud ha sido extender la “Teoría del Constructivismo Orgánico”, del cual soy autor, a la salud, a partir de lo cual, aparece un nuevo constructo original “Visión interactiva de la salud (ViS)” que impregna e hila de un modo orgánico las distintas fuentes documentales explicitadas antes.

ViS parte del supuesto de que la salud se construye y desarrolla en un proceso de equilibración continua y sistemática en las interacciones entre individuo y medio tanto externo como interno. Nuestro organismo es la consecuencia de miles de años de evolución interactuando con el medio natural y social, y la posibilidad de dar nuestra carga genética a las nuevas generaciones es debido a haber desarrollado mecanismos de autorregulación cada vez más potentes, para poder compensar los desequilibrios constantes al interactuar con el medio. Más adelante, en § “fundamentos”, se desarrolla la propuesta ViS.