Enfermedades alimentarias

Enfermedades alimentarias

La Visión Interactiva de la Salud (ViS) aprecia que las causas de las enfermedades habría que buscarlas en las interacciones que lleva el individuo con su medio natural y social: con los alimentos, con focos de contaminación y/o infección, con el mundo físico o con el mundo social. Por algún sitio de este espacio de interacción están las causas de las diferentes dolencias. En este apartado se centra la atención en las interacciones alimentarias.

No hace muchas décadas, la mayoría de los alimentos eran naturales y de distribución local. Sin embargo, poco a poco y hasta la actualidad, el estilo de alimentación ha cambiado pues la mayoría de los alimentos están altamente procesados y, una buena cantidad de alimentos, viajan miles de kilómetros antes de ser consumidos. El consumo de alimentos y derivados azucarados de la industria, alcanza niveles poco aconsejables para la salud.

De manera alarmante, han ido apareciendo una multitud de enfermedades ligadas al tipo de comidas “modernas”. Así, dolencias cardíacas, metabólicas, endocrinas y algunos tipos de cáncer, están ligado a los alimentos procesados cuando estos conforman el principal estilo de alimentación. También colaboran los crecientes grados de polución de aire y agua, que causan las actividades humanas a gran escala que, de un modo u otro, el cuerpo asimila o incorpora día a día.

Quizá sea el ritmo vertiginoso de los hábitos cotidianos, la presión de los horarios laborales o, simplemente, la desgana de cocinar cuando todo se consigue ya hecho a bajo precio, lo que ha llevado a alejarnos de la cocina saludable casera y, además, hay poco conocimiento sobre los problemas de salud que acarrean los platos precocinados, con alto contenido de grasas trans y azúcares. Es curioso que tan solo unas décadas atrás era un valor preciado comer ligero, fresco y natural.

Veamos cuales serían las causas alimentarias que pueden causar enfermedad:

  • Causas externas. Concentradas principalmente en los agroquímicos y aditivos, detallados anteriormente, que contienen los alimentos ingeridos y, por extensión en el grado de polución del agua y aire que entra en nuestro organismo. Todas las sustancias que no pueden ser asimiladas por las células, salvo las que puedan ser eliminadas por los órganos que cumplen esta función, se van acumulando en los tejidos como sustancias tóxicas; un proceso silencioso que no cesa y que, al alcanzar ciertos niveles, aparecen ante nuestros sentidos como síntomas de una enfermedad más o menos grave.
  • Causas internas. Más adelante se analizará en mayor detalle que, aun estando los alimentos libres de “química no asimilable”, el proceso digestivo no es tan sencillo como se podría imaginar y que, por el contrario, reviste una gran complejidad que los nutrientes lleguen a las células. Poco o nada tienen que ver la forma, color y estructura química a los alimentos que se ingieren una vez en el interior del organismo, pues sufren un proceso de transformación física y química que puede o no terminar en nutrientes. Si se hacen mezclas de alimentos poco adecuadas pueden incrementar la toxicidad para el organismo, tanto o más que la salud que le puedan aportar los nutrientes. Por otra parte, otro proceso orgánico esencial que crea desechos tóxicos es el propio metabolismo, por lo que crear buenas combinaciones de alimentos puede evitar en gran medida la toxicidad, pero en el caso del metabolismo es algo inherente a este proceso: siempre se crean tóxicos.

Un organismo sano suele expulsar estas sustancias tóxicas hasta el punto de mantener los niveles de toxicidad en valores bajos sin causar enfermedad, lo cual es un proceso dinámico usual: los usuales tóxicos que se generan en los procesos de asimilación y metabolismo son desechados o eliminados al exterior. Cuando esta mecánica se desequilibra, porque el organismo se debilita o por un exceso en la entrada de sustancias no asimilables, puede aparecer la enfermedad.

La ViS no va a la cura de los síntomas sino a un nuevo modo de interactuar con los alimentos y el medio natural, donde es posible evitar, mitigar, o incluso, revertir la enfermedad. Por ejemplo, en el caso de un cáncer, no hay que precipitarse para aplicar costosos tratamientos con un impacto en el organismo brutal, más bien hay que decantarse por un pacífico pero tenaz cambio para relacionarse de otro modo con los alimentos.

En muchas ocasiones, el ayuno se hace más que necesario para volver al equilibro orgánico. No en vano, a lo largo de la historia del ser humano, muchas culturas han practicado el ayuno, parcial o total. En la sociedad actual, donde se suele comer sin descanso, sin hambre y en exceso, incrementado la ingesta de alimentos llenos de químicos no asimilables, ha ocasionado el incremento de multitud de enfermedades, las cuales vamos a revisar brevemente:

El sobrepeso, una consecuencia de la sociedad de consumo

El sobrepeso y la obesidad se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Existen varios indicadores para evaluar el grado de sobrepeso, el que más se ha utilizado es el índice de masa corporal (IMC), un indicador simple de la relación entre el peso y la talla, pero en la actualidad, por su mayor capacidad predictiva, se usa el índice cintura-altura (ICA), que se obtiene dividiendo la circunferencia de la cintura (justo por debajo de la caja torácica y por encima del ombligo) y la altura.

Indice Perímetro Abdominal/Altura (en cm)
Niños Hombre Mujer Categoría
<0.34 <0.34 <0.34 Extremadamente delgado
0.35 a 0.45 0.35 a 0.42 0.35 a 0.41 Delgado sano
0.46 a 0.51 0.43 a 0.52 0.42 a 0.48 Sano
0.52 a -.63 0.53 a 0.57 0.49 a 0.53 Sobrepeso
0.64 + 0.58 a 0.62 0.54 a 0.57 Sobrepeso elevado
0.63 + 0.58 + Obesidad mórbida

Aún más reciente, el índice cintura-cadera (ICC) resulta de dividir el perímetro de la cintura de una persona por el perímetro de su cadera (perímetro máximo de la cadera a la altura de los glúteos).

La razón por la que ICC es mejor indicador para la salud que IMC es porque estudios recientes vinculan la grasa abdominal directamente con la resistencia a la insulina, hipertensión, alteración de los lípidos, enfermedades cardiovasculares, engrosamiento de las paredes cardiacas, e incluso mayor riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer.

La ONU, en relación a los problemas alimentarios, señala que más de tres millones de personas mueren al año por malos hábitos alimentarios y, entre ellos, 1.300.000 millones están vinculados al sobrepeso. Parece que el sobrepeso y la obesidad crean ya tantos problemas como el hambre, y la ONU culpa a los gobiernos de la permisividad que tienen ante la industria alimentaria, incluso, subvencionando alimentos poco saludables.

A las empresas se les reprocha obtener superávit a costa de aumentar los alimentos ricos en grasas, sal y azúcar, quebrando de este modo la tradicional alimentación local y la pérdida de poder adquisitivo a los agricultores tradicionales. Además, los gobiernos fomentan los alimentos provenientes del monocultivo (por ejemplo, el maíz y la soja) que son la base industrial de alimentos poco saludables y, a su vez, son fuertemente publicitados por los medios más influyentes.

Las consecuencias derivadas de esta alimentación deficiente han dejado de ser un problema exclusivo de los países ricos para extenderse con rapidez a los países en vías de desarrollo.

Soluciones al sobrepeso

Mantener el peso saludable supone tener un estilo de vida sano, lo que supone también relacionarse más con alimentos naturales en detrimento de los procesados. Eso y hacer ejercicio. No hay milagros ni dietas milagro: solo un estilo de vida responsable con la salud puede llevar al peso saludable, y eso supone tener la voluntad de imponernos ciertas restricciones en relación a la presión de una sociedad del consumo como la actual. Dejarnos llevar por un ritmo consumista, engorda.

El conocimiento que tenemos sobre alimentación es determinante para comer sano, pero la relación psicosomática interior y con el entorno, social y natural, también es un determinante. Todos conocemos las consecuencias de los excesos que se cometen en las comidas navideñas o en las celebraciones con los diferentes círculos de allegados.

Adelgazar es sencillo, sólo hay que conocer cuáles son las causas del sobrepeso: comer en exceso alimentos de forma desequilibrada, consumir más carbohidratos y menos verduras y frutas; abusar de los alimentos procesados o fuertemente manipulados; y la falta de actividad física diaria, entre las principales. Hay que hacer lo contrario: recortar el exceso, consumir más vegetales y menos carbohidratos, poco o ningún alimento industrial, y hacer diariamente ejercicio de cierta envergadura. Además de eso, la voluntad y conocimientos necesarios para saber por qué se debe hacer así.

Comer de forma comedida y con conocimiento, supone ahorro en comida y, a la larga, en medicamentos. Pero, si la idea para adelgazar es sencilla ¿por qué es tan difícil cambiar de la dieta usual? Principalmente, porque se requiere cambiar hábitos de toda la vida, porque estamos inmersos en una sociedad donde imperan creencias y costumbres que nos llevan, irremisiblemente, hacia el sobrepeso y la mala salud, y porque existe una diversidad de criterios para adelgazar. En general, todos los criterios fomentados por intereses, directos o indirectos, de la sociedad de consumo, son los menos aconsejables.

Otra medida que es a la vez muy sana y ayuda a controlar el peso es el ayuno y el ejercicio. Dada la complejidad de causas psicosomáticas que lleva a una persona a comer de forma compulsiva, hace que se queden cortas las sugerencias que aquí se dan.

El cáncer se puede evitar, paliar o revertir con la alimentación

La ViS no percibe el cáncer como una multitud de tipos de enfermedades y, consiguientemente, una multiplicidad de costosos tratamientos de quimioterapia y radioterapia o intervenciones quirúrgicas que encarecen notablemente cualquier cura. Y si es que se logra la cura, el impacto orgánico es dramático en todos los casos.

La ViS más bien identifica que detrás de cualquier cáncer existe un estilo de vida que lleva a incrementar el exceso los tóxicos, hasta tal punto que las células en ese ambiente interior enrarecido se “vuelven tan locas”, trastocan sus componentes o su material genético y, en su intento de sobrevivir, comienzan a reproducirse de un modo anómalo y de asfixiante.

La medicina convencional afirma que las causas del cáncer, son debidas a factores que inducen una alteración genética en las células lo que lleva a una multiplicación sin control. Señala que hasta la fecha sólo unos pocos factores podrían demostrar que producen estas alteraciones: tabaco, quemaduras solares, alcohol, factores genéticos, radiaciones, y algunos tipos de virus. Por el momento, aparte de que las causas del cáncer son multifactoriales, poco más se sabe.

En un contexto donde la salud se ha mercantilizado, se ha desarrollado y diseñado una gran variedad de fármacos específicos para cada tipo de cáncer y gran cantidad de aparatos de radioterapia que dicen eliminar los tumores. Prolifera las asociaciones o instituciones, públicas o privadas, que reclaman mayor inversión en investigación sobre el cáncer. El fuerte impacto social de esta terrible y dolorosa enfermedad, levanta en la mayoría de la población un sentimiento empático hacia estas peticiones reiteradas. Pero es curioso comprobar que siempre se busca la solución en investigar más y más en las mecánicas microscópicas de cómo es que las células se multiplican o en diseños de aparatos y productos químicos cada vez más costosos.

Los críticos con el sistema convencional para interpretar y curar el cáncer, señalan que las investigaciones no se orientan hacia las verdaderas causas del cáncer, tan solo tratan de eliminar sus consecuencias, con lo cual, al persistir las causas, también persiste el cáncer. Señalan que sería más fácil y mucho menos costoso, revisar y prohibir la alimentación para minimizar su toxicidad. Si se desciende a las consecuencias moleculares, el cáncer se vuelve un problema complejo y “multifactorial” cuando creemos que no lo es tanto.

A pesar de los malos resultados, el establishment mantiene sus protocolos usuales para curar el cáncer. ¿Cómo se sabe tan poco sobre el cáncer y a la par se han desarrollado tantos tratamientos de quimioterapia y radioterapia? ¿Cómo es que a pesar de tanta inversión los resultados son tan pobres? Responder a estas cuestiones, daría sentido al hecho de que parecen existir más de 200 tipos de cáncer con sus correspondientes fármacos específicos de tratamiento que no garantizan la cura definitiva.

Causa del cáncer

Fuera del establishment, existe bastante convergencia en admitir que el cáncer es un problema metabólico generado por la interacción del sujeto con un medio que contiene sustancias no asimilables por el organismo. Y es que estas sustancias, presentes en nuestro entorno durante los últimos siglos, son diferentes a las que, a lo largo de miles y millones de años, en un proceso evolutivo, el ser humano ha asimilado de forma equilibrada.

El sistema ha contaminado casi todo lo que nos rodea. Respiramos aire y bebemos agua con ciertos grados de toxinas, interactuamos con un espacio lleno de alta densidad electromagnética, digerimos un exceso de alimentos cuyos nutrientes no guardan un equilibrio adecuado o contienen químicas no asimilables por el organismo. Una parte son eliminados, pero también, una parte se quedan en el organismo sin posibilidad de ser asimilados.

Esta sencilla explicación de las causas del cáncer y de otras muchas enfermedades contrasta con la complejidad actual de otras dadas desde contextos más convencionales. Parece lógico pensar que más bien la explicación alternativa es la equivocada, pero pensemos, por un momento, que el enfoque alternativo apuntara en la dirección correcta ¿no sería maravilloso saber que nuestra salud depende de nosotros y de las decisiones que tomamos?

Sería alentador que, con solo seguir unas sencillas pautas de alimentación y una interacción saludable con la naturaleza, se pudiera evitar el sufrimiento de la quimioterapia y radioterapia o evitar el dolor con el que el cuerpo se va debilitando en medio de fuertes dolores ¿qué pasaría si nos quitamos el miedo al cáncer sabiendo que es una enfermedad metabólica y que se puede afrontar como cualquier otra?

Son muchos los autores de peso que defienden esta posición. Para Mercola, el principal causante del cáncer son los azucarados químicos no asimilables, contenidos en la alimentación industrial. Estos generan toxinas y perturban los procesos metabólicos de las células hasta llevarlas al proceso de multiplicación anómala.

De hecho, se multiplican los casos de pacientes que mejoran considerablemente excluyendo de su alimentación los alimentos procesados, azúcar refinada, almidones, pan, granos e incluso tubérculos y abrazan una dieta rica en verduras, en alimentos con grasas saludables, poca fruta y baja en carbohidratos, a fin de lograr que el principal combustible del metabolismo sea la grasa y no la glucosa. La ausencia de esta última “mata de hambre” a las células cancerígenas, dice Mercola.

Dieta para evitar o revertir el cáncer

El progresivo aumento del cáncer se ha convertido en la segunda causa de muerte en el mundo (13% de la población), con una mayor incidencia en los países más industrializados. Habría que tomarse en serio “con toda la fuerza del ser” las medidas que se aconsejan para evitar ser víctima de esta enfermedad que tanto dolor y sufrimiento inflige a los pacientes.

En estas soluciones convergen actualmente una notable variedad de autores en cuanto a medidas que debe tomar cada persona para prevenir o aliviar la evolución de tumores u otras enfermedades:

  • Cambiar radicalmente la dieta eliminando la alimentación industrial, productos recalentados, carbohidratos, azúcares y granos. Intentar consumir alimentos orgánicos y de distribución local, evitando los que contienen pesticidas, herbicidas, sean transgénicos o provengan de granjas industriales.
  • Buscar una interacción saludable con los elementos naturales y, especialmente, con el sol, la tierra, el agua y el aire libres de contaminación. Los lugares lejanos a la civilización en las altas montañas son los mejores. No es posible vivir así todos los días, pero si hacer escapadas lo más continuas posibles.
  • Tomar medidas para ayudar al cuerpo a desintoxicarse. El ayuno es uno de los métodos más eficaces y, de manera intermitente, se puede realizar diariamente sin cambiar apenas los hábitos cotidianos. También es eficaz tomar baños de vapor con moderación.
  • Hacer actividad física de un modo continuado, mejor todos los días. Estiramientos, caminar, correr, saltar a la comba, bailar, hacer movimientos cualesquiera, hacer ejercicios en la cama, trabajar de pie frente al ordenador, todo vale para estar sentado lo menos posible. Es bueno sentarse para descansar de un esfuerzo.
  • Trabajar de un modo intencionado la parte emocional. Tomar con ganas, decisión y coraje, la responsabilidad de nuestra salud. Pensar que dejarla en manos del médico es un fracaso o una debilidad y que es peor pasar por la vivencia de la quimioterapia o la radioterapia. Leer sobre las vivencias de otras personas que han superado el cáncer. Buscar compartir con personas que viven la misma experiencia o buscar el acogimiento de la familia.

No hay recetas mágicas para vivir sano, lo que sí se puede es tomar la responsabilidad ante la vida y ante nuestra salud, pues el tiempo que se pasa sin hacer nada al respecto, ya nunca se podrá recuperar.

La diabetes y la comida industrial

La diabetes supone un conjunto de trastornos metabólicos, cuyo denominador común es la presencia de altos nivel de glucosa en la sangre, debido a un defecto en la producción de insulina o a una resistencia celular a ésta.

Las células necesitan insulina para absorber la glucosa. Este es el proceso normal para regular la glucosa en sangre, el cual se puede ver perturbado cuando el páncreas no produce suficiente insulina (diabetes tipo 1) o cuando las células muestran cierta resistencia a la insulina (diabetes tipo 2). En ambos casos, se presenta una deficiencia metabólica celular y un alto nivel de azúcar en sangre.

Tener alta concentración de azúcar en sangre suele darse en estilos de vida donde hay un exceso de alimentos procesados industrialmente que contienen primordialmente altas concentraciones de azúcares tales como sacarosa, jarabe de maíz, fructosas artificiales, frutas con excesos de fructosa, mieles, etc., o alimentos con presencia de aditivos no asimilables, grasas no saludables, agroquímicos u otros disruptores endocrinos.

En el proceso metabólico, el excedente de glucosa genera un aumento graso de las células que componen el tejido adiposo, muscular o hígado. Las células adiposas son especialmente resistentes a la insulina, por lo que el aumento de tejido graso hace aumentar la resistencia a la insulina. Esta anomalía lleva al aumento del azúcar y causa gran cantidad de complicaciones. Si se mantiene en el tiempo, lleva poco a poco a una hiperglucemia y otras enfermedades como son la hipertensión, problemas de corazón, derrame cerebral, molestias en el sistema nervioso, cáncer, obesidad, hígado graso, entre otras.

Los fármacos para la diabetes

Diseñar fármacos considerando que el problema principal de la diabetes es la anómala subida de azúcar en la sangre es un planteamiento inadecuado dado que la función principal de la insulina es de almacenaje más que bajar el azúcar, que sería solo un efecto colateral. El objetivo de liberar más insulina es almacenar la energía extra. Una parte se guarda en forma de glucógeno, mientras que la mayoría lo hace como grasa.

En el proceso evolutivo, la insulina tenía la importante función de almacenar el exceso de nutrientes en periodos de abundancia para después usarlo ante la escasez de alimentos. El exceso de comida actual, hace que el mecanismo de almacenaje de la insulina sea una desventaja evolutiva que explica el aumento de la diabetes en los países desarrollados.

Que la presencia de insulina suponga una reducción de azúcar en la sangre es, en parte, un efecto colateral del almacenaje de energía. Cuando el nivel de azúcar en la sangre se eleva se libera insulina para almacenar la energía extra. Una parte se almacena en forma de glucógeno, mientras que la mayoría lo hace como grasa.

Un estudio realizado sobre una muestra de más de 30.000 personas mostró que el tratamiento de la diabetes tipo 2 con medicamentos no sólo es ineficaz, sino que puede ser peligroso. En concreto, los fármacos diseñados para disminuir la glucosa en sangre aumentan el riesgo de muerte por problemas cardiacos. La única forma efectiva para sensibilizar a las células a la insulina es a través de la alimentación.

Consejos para no padecer diabetes tipo 2

Los estudios muestran la importancia de la insulina para la salud. Sus desarreglos se vinculan, no sólo a la diabetes, sino a enfermedades cardiacas y vasculares, a episodios cerebrovasculares, presión arterial alta, cáncer y obesidad. La resistencia a la insulina de las células provoca que el organismo retenga la grasa, produzca inflamación y daño celular.

Los consejos principales para controlar la diabetes son semejantes a los dados para el sobrepeso y otras enfermedades o padecimientos:

  • La actividad física contribuye a activar la segregación de insulina. Por el contrario, estar inactivo, aumenta el riesgo de diabetes. La activación muscular es un revulsivo para reactivar el sistema metabólico que tiende a optimizar su funcionamiento, lo que lleva a una mejora en la función de la insulina para ayudar a la célula a captar la glucosa y de este modo disminuir la resistencia a la insulina.
  • Reducir los alimentos que contienen azúcares, en especial los que tengan media y alta concentración de fructosa, los de las comidas procesadas industrialmente y, en menor medida, los granos. Eliminar también las bebidas azucaradas y carbonatadas y, en su lugar, beber agua pura.
  • Considerar alimentos que reduzcan la inflamación. Son beneficiosos tanto para la diabetes, como para todas aquellas enfermedades crónicas que conlleven procesos inflamatorios, consumir aceite de oliva, tubérculos como la cúrcuma y el jengibre, alimentos que contengan grasas omega3 tales como linaza, nueces, habichuelas blancas, caballa, bacalao, boquerones o sardinas, vegetales crucíferos tales como brócoli, coles, berza, nabos o berros.

Por supuesto, la lista de medidas a tomar es más amplia, pero las mostradas aquí sugieren una buena dirección para reducir o eliminar la diabetes tipo 2.

Merece la pena tomarse muy en serio estas medidas pues los beneficios que aportan a la salud son innumerables, comenzando por tener más energía y sentir menos cansancio, disminuir la necesidad de consumir líquido, disminuir la probabilidad de tener infecciones en la piel o en la vejiga, y prevenir posibles ataques al corazón o al cerebro, entre otros. En definitiva, son principios para disponer de un metabolismo más equilibrado y una disminución del grado de toxicidad que mejora el funcionamiento general del organismo.

Al contrario de la medicina convencional, que trata de modo específico cada enfermedad, la ViS centra la atención en la disminución de la toxicidad y optimizar el metabolismo y, de este modo, hay más motivos para el optimismo cuando se aprecia que varios problemas graves y crónicos como el sobrepeso, el cáncer, la diabetes o los problemas cardiovasculares, tienen un cuidado semejante para evitarlos o revertirlos, manteniendo el control en el paciente que opta por cuidar su salud.

Otras enfermedades donde la alimentación está implicada

Son varias las enfermedades en las que, de un modo más o menos directo, tiene gran relevancia la ingesta de alimentos. Hemos visto hasta aquí tres de ellas (sobrepeso, cáncer y diabetes), pero hay otras más que se listan aquí de forma más sintética, sabiendo que tienen en común la toxicidad que nos rodea en los alimentos, el agua, el aire, las prendas, los productos de limpieza de casa y de higiene personal, la densidad electromagnética o la interacción con objetos que contienen materiales tóxicos.

El organismo tiene capacidad para eliminar gran parte de la toxicidad, pero hasta cierto punto. A partir de allí comienza a acumularse en tejidos y órganos. Una acumulación excesiva, puede generar, también:

  • Enfermedad coronaria. Debida a problemas de transporte de la sangre, con oxígeno y nutrientes, dentro de la circulación del corazón, normalmente ocasionado por la ingesta de grasas no saludables que se acumulan a lo largo de todo el sistema circulatorio.
  • Osteoporosis. Se debe a una disminución de la masa ósea que no suele presentar síntomas salvo cuando se da la ruptura de un hueso. Las grasas, los azucares, el café, las carnes, el fumary una falta de fijación de nutrientes por poca actividad física, contribuyen a procesos de osteoporosis.
  • Se da ante la pérdida de glóbulos rojos o problemas en su funcionalidad por déficit en la síntesis de la hemoglobina. Usualmente se produce por la falta de alimentos ricos en hierro. Los síntomas más comunes de la anemia son la falta de energía, fatiga o decaimiento.
  • Gota. Ocurre cuando el ácido úrico se acumula en la sangre y causa inflamación en las articulaciones. El exceso de carnes rojas, bebidas azucaradas y alcohólicas, contribuye a su aparición.
  • Hipertensión arterial. La subida de la presión arterial, que lleva a la incorrecta circulación sanguínea, llega a producir infartos o embolias. Un exceso de grasas, sal, alcohol y estrés, sobre todo en combinación con sobrepeso, facilitan su aparición temprana.

Enfermedades raras

Las enfermedades raras se caracterizan por tratarse de desórdenes sistémicos, crónicos y degenerativos, frecuentemente ligados a problemas del sistema inmunológico. Se sabe poco de ellas, y como afectan a una población pequeña, no justifica el esfuerzo económico de las grandes compañías farmacéuticas, aunque la poca actividad en investigación al respecto, sigue un protocolo semejante a las de las otras enfermedades que afectan a más población: sesgar los resultados en la dirección que suponga el desarrollo de medicamentos con alta rentabilidad.

Así, la inmensa mayoría de las investigaciones sobre enfermedades raras, parten de que las causas son de origen genético, lo que orienta la investigación en unas direcciones en detrimento de otras y es posible que los investigadores se pasen décadas en proyectos con grandes fondos y sin apenas resultados sustanciales. Algo similar ocurre con el cáncer y otras enfermedades. La investigación usual busca soluciones farmacológicas, así como entender y etiquetar múltiples enfermedades raras para diseñar una diversidad de fármacos que multiplique las ganancias.

Hay evidencias de que, sobre todo las enfermedades raras, se localizan en zonas de alto grado de industrialización, donde el agua y el aire, ondas, alimentos, ropas, productos de limpieza de casa y de higiene personal, fármacos, están polucionados y aumentan más significativamente la toxicidad interior del organismo. Las causas son más epigenéticas que genéticas. Entonces ¿por qué la ausencia de investigaciones que estudien el medio como causa? ¿por qué la insistencia de que su origen es genético? Tampoco se explica por qué actualmente se dan tantas anomalías genéticas.

Conclusión sobre las enfermedades alimentarias

Se hace evidente que el nuevo “estilo de alimentación” obedece más a intereses comerciales, que a esfuerzos por mantener nuestras dietas tradicionales más sanas con productos de distribución local. Los criterios para diseñar un nuevo producto alimentario se tienen pensando más en el rendimiento económico y menos es los efectos para la salud de los consumidores. Los gobiernos y los consumidorespodrían actuar más activamente como reguladores de los intereses económicos de las empresas privadas, pero en la práctica son muy tibias o tangenciales estas actuaciones.

Las instituciones sanitarias se someten con facilidad a los grupos de presión gestionados desde los intereses comerciales. Después, la publicidad termina lavando los elementos más sucios de un producto, omitiendo, sesgando o vendiéndolos como “naturales”, “sanos”, “nutritivos” o “protectores” cuando no lo son o son en parte. Solo si presumen de “deliciosos”, tal vez lo sean, pero también son muy perjudiciales. La sociedad de consumo va de la mano de la publicidad alimentaria que a diario bombardea a los consumidores desde los más variados medios de comunicación. Se calcula que una persona ve una media de 3.000 anuncios al día.

Revistas para concienciar a los consumidores como OCU, muestran en sus análisis mes a mes, que en general la mayoría de los alimentos con nutrientes adicionados, o que anuncian potenciar defensas del organismo, no cumplen lo que prometen. Hay auténticas mentiras demostradas, sesgos intencionados o verdades a medias, cuyo objetivo es crear en el consumidor una percepción benigna de los productos.

Los “superalimentos” suponen ganancias para la industria superiores a los normales, gracias a una publicidad que induce al consumidor a tomar ese producto ya que es mucho más “sano”, “natural”, “preventivo” o “potenciador” que, suelen dar en el blanco por la despreocupación o falta de criterios alimentarios. El engaño publicitario ha llevado, por ejemplo, a enfermar un número significativo de pacientes de “hipervitaminosis”.

Muchos alimentos presumen de “ayudar al normal funcionamiento del organismo” cuando dicho proceso, si la persona está sana, no necesita más ayuda que comer variado los alimentos naturales, bajos o nulos en agroquímicos, alejados de los productos de alimentación industrial tan publicitados, y más cercanos a los que da la huerta.

Cunde la desesperanza pues se percibe que las nuevas generaciones, son adoctrinadas cada vez más por los medios y mucho menos por la escuela, cuyos contenidos sobre alimentación sirven poco para contrarrestar las tendencias publicitarias. Los maestros y padres tampoco tienen criterios alternativos para salir del marco convencional. El porcentaje de personas que toman conciencia de esta situación alimentaria es mínimo en relación a la población adoctrinada.