Germen vs Medio

Germen vs Medio

Centrados en la medicina occidental y a grandes rasgos, predominó la llamada “teoría de los humores” sobre la salud humana, desde Hipócrates hasta bien entrado el siglo XIX. Básicamente aceptaba que la salud aumenta o disminuye en función de la dieta y actividad de cada persona: el desequilibrio con el medio establecía la enfermedad.

Con la invención del microscopio en el siglo XVII, se inició la observación de los microorganismos y los descubrimientos crecen exponencialmente. A partir de 1876, Robert Koch (1843-1910) aprecia que los microorganismos pueden causar infecciones, y se multiplicaron los experimentos para establecer relaciones causales más precisas. Koch formuló cuatro postulados para asegurar que un germen es la causa de una infección, que se siguen utilizando hoy en día.

A mediados del siglo XIX, se dan fuertes controversias, entre Antonie Béchamp y Louis Pasteur, sobre la causa de las infecciones, si se trata de los gérmenes o es más bien inducidas por el medio. Este debate se extendió a toda la comunidad de investigadores de la época. Poco a poco el enfrentamiento se fue resolviendo a favor de Pasteur, lo que ha sido determinante, en buena medida, para definir el modo de tratar las infecciones desde entonces. Véase con más detalle esta historia de gérmenes que tan determinante ha sido para el desarrollo de la medicina actual.

La confrontación entre Béchamp y Pasteur

Antonie Béchamp (1816-1908) es un biólogo y químico francés. En sus investigaciones observó que todas las materias orgánicas, sin contacto con los gérmenes atmosféricos, de forma espontánea se transforman, lo que le hizo suponer que los agentes que la alteran o descomponen están en el interior del organismo. Por otro lado, fue un firme defensor y estableció las bases para la comprensión del pleomorfismo (habilidad del organismo a cambiar en respuesta a modificaciones en el medio).

Béchamp, descubrió que dentro del organismo habitan “las partículas más pequeñas de la vida” a las que denominó microzimas. Afirmaba que toda forma viva se construye a partir de las microzimas y son las que quedan con vida, una vez que el organismo que las contiene muere y se descompone. Afirmaba que son el final y principio de toda forma de vida. Estas ideas germinales, toman recientemente más fuerza con el descubrimiento de la microbiota a principios de este siglo y su estrecha simbiosis con el organismo que lo cobija.

Cuando la salud es deficiente (malnutrición, intoxicación, estrés, etc.) las células se deterioran y degeneran creando un ambiente tóxico. La microzima, inicialmente benignas, se transforma para adaptarse a los cambios y puede terminar convirtiéndose en un agente patógeno. Para Béchamp, los gérmenes no son la causa de la enfermedad sino el resultado de un estilo de vida de cada persona y su forma de interactuar con el medio.

Louis Pasteur (1822-1895), químico y bacteriólogo francés, realizó descubrimientos, sobre todo, en química y microbiología. La pasteurización, los antibióticos y las vacunas aparecen tras sus investigaciones. Él es el autor de la teoría de los gérmenes, fundamental en la medicina actual. Su inicio como investigador es posterior a Béchamp del que fue alumno por lo que conocía de primera mano sus descubrimientos y conclusiones.

La teoría germinal de las enfermedades infecciosas, afirma que la infección tiene su causa en un ente vivo microscópico, que puede ser externo o interno al sujeto, con capacidad para propagarse entre las personas, y al mismo tiempo es el causante de procesos como la descomposición o la fermentación. Es transcendental y novedosa esta relación causal entre los gérmenes e infecciones pues hasta ese momento, desde los griegos, las causas provenían de las interacciones del sujeto con el medio.

La teoría del germen de Pasteur se vio reforzada con los postulados de Koch que estableció cuatro principios para que se puede admitir científicamente que el germen es la causa de una infección, a) debe ser hallado y aislado en cada caso de infección, b) si no se padece no debe ser hallado, c) debe ser cultivado fuera del cuerpo y, finalmente, d) de ser inoculado debe producir la misma infección que sufría el cuerpo del cual se había extraído.

La teoría del germen en un principio fue ridiculizada por la comunidad científica de entonces, ¿cómo es que algo tan pequeño, casi invisible, pudiera ocasionar alguna enfermedad al ser humano? Incluso fue catalogada de poco científica. También tuvo fracasos significativos en un buen número de experimentos, incluso causando muertes y pérdidas económicas a las entidades que siguieron sus consejos.

Claude Bernard (1813-1878), otro contemporáneo de Béchamp y Pasteur, entró en el debate sobre el origen de la enfermedad, dando en cierto modo la razón al primero, al indicar que los microbios cambian y se desarrollan como resultado de cambios del medio orgánico interno en el cual viven, donde es determinante el pH. La enfermedad, para Bernard, ocurría “de dentro hacia fuera”, es decir que cuando el cuerpo acumula toxicidad, se produce la enfermedad. Esto genera un ambiente ácido que algunos gérmenes encuentran favorable para vivir, multiplicarse y transformarse en patógenos.

A pesar de los inicios desfavorables de la teoría del germen de Pasteur, esta se fue imponiendo a las teorías rivales, animada poco a poco, por su potencial rentabilidad para la incipiente industria farmacológica, y así pasó a ser la teoría predominante para explicar las infecciones hasta nuestros días.

Actualmente, la teoría del germen, es el fundamento que da cobertura teórica a productos tales como los antibióticos, las vacunas o, en general, a un buen número de tratamientos farmacéuticos, y ha sobrevivido a otras teorías para convertirse en la base de la industria de las enfermedades infecciosas. Conforme se fueron vislumbrando las posibilidades financieras de la teoría, fue poco a poco incorporando adeptos y, en la actualidad, se invierten colosales cantidades de dinero para investigaciones sobre microbios y en la producción de fármacos para combatirlos.

Apuesta de ViS sobre la causa de la infección

En esta breve reseña histórica sobre las causas de las infecciones y el papel de los gérmenes, en general, se aprecian dos modos de considerar el ambiente y dos modos de entender la función de los gérmenes:

  • La hipótesis 1, considera que la principal causa de la infección son los gérmenes patógenos que nos rodean o están dentro de nosotros. Esto también explicaría la facilidad con que la enfermedad se transmite. Básicamente, esta sería la hipótesis que mantiene la teoría microbiana de la enfermedad: los microorganismos son causantes de una amplia gama de enfermedades.
  • La hipótesis 2, focaliza su atención en los factores que polucionan o desnaturalizan el medio (natural y social) como la causa primordial de las infecciones y, en general, de las enfermedades. La interacción del organismo con los factores externos puede crear condiciones adversas para la vida celular rompiendo el equilibrio interior. Hasta aquí los defensores de esta hipótesis están de acuerdo. Sobre qué sucede tras la pérdida del equilibrio hay divergencias o solapamientos entre autores: a) puede ser que se alteren los procesos metabólicos debilitando a las células, b) que haya gérmenes que se vuelvan patógenos en medios internos, c) que pierda eficacia el sistema inmunitario para debilitar los elementos patógenos o, en general, d) que se deteriore cualquier mecanismo u órgano vital que mantenga el equilibrio de la vida orgánica.

Se puede apreciar que ambas hipótesis podrían también ser complementarias, dado que desde el medio pueda entrar al organismo tanto gérmenes como elementos tóxicos, sin embargo, hay buenas razones para poner en entredicho la hipótesis de que la causa de la infección se deba exclusivamente a gérmenes patógenos que vienen de fuera dada la fuerte simbiosis que tiene el ser humano con el mar de microorganismos en el que está inmerso desde su nacimiento.

Es curioso constatar la rapidez con que evolucionan las teorías en las distintas ramas del saber y, sin embargo, no se observa esta progresión con la teoría del germen, que continúa en vigor, con pocas modificaciones, desde el siglo XIX. Más chocante es que, a pesar de los datos experimentales, todos y cada uno de los postulados de esta teoría generan serias dudas si en vez de hacer experiencias científicas confirmatorias, se orientaran para falsar la teoría:

  1. Afirmar que “hay un germen que causa un efecto para todos los casos conocidos”, es discutible si se ve dicho efecto en nuevos casos donde se observa la presencia del germen.
  2. Sostener que “si se encuentra tal germen, se encuentra tal enfermedad”, no es coherente si se detectan casos en los que el germen se detecta en personas sanas.
  3. Indicar que “los gérmenes deterioran o destruyen el tejido vivo” es discutible cuando se evidencia, salvo casos excepcionales, que más bien actúan sobre organismos no vivos.

Investigaciones recientes han mostrado que los postulados de Koch se cumplen muy raramente por no decir nunca lo cual supone que la conexión causal entre germen y enfermedad no se ha probado científicamente. Esta debilidad de la teoría del germen para generalizar las relaciones causales entre infección y microorganismos se puede apreciar mejor con la siguiente analogía: siempre que hay heces, aparecen moscas, pero no es correcto deducir que las moscas sean la causa de las heces sino más bien su consecuencia. Del mismo modo, los gérmenes se sienten atraídos y aparecen en los tejidos enfermos o sometidos a un ambiente tóxico, pero no necesariamente son la causa principal de la enfermedad.

Medicamentos, vacunas, agroquímicos, metales pesados, alimentos industriales, conservantes, aire y aguas contaminadas, entre otros, crean un ámbito tóxico que enferma a las células, lo que conlleva atraer o transformar los gérmenes. Es cierto que al aparecer la infección también aparecen los gérmenes, pero no son la causa de ésta sino su consecuencia.

La teoría del germen se muestra incoherente o insuficiente para explicar los resultados de investigaciones recientes donde se aprecia que existe un equilibrio natural entre el organismo y los gérmenes que mantienen la salud orgánica. En efecto, se llama microbiota el conjunto de microorganismos ubicados en el interior del cuerpo en un estado simbiótico de colaboración mutua. Sorprende que la relación entre estos microbios y células propias del cuerpo sea de 10:1 y que cada vez más se aprecia su importancia en el aparato digestivo, cerebro o sistema inmune.

Solo cuando el tejido no está vivo, o está enfermo, es cuando actúan los gérmenes descomponiéndolo de forma tal que poco a poco se transforma en material inorgánico. Pensemos que la especie humana evolucionó con y por una buena relación con los gérmenes, no a pesar de ellos.

Cuenta la historia que Pasteur en su lecho de muerte dijo: “Bernard tenía razón, el germen no es nada, el terreno lo es todo” (terreno se entiende como el medio interno). Sin embargo, al momento de la muerte de Pasteur, la teoría microbiana de la enfermedad, era lo suficientemente rentable como para no considerar las confesiones finales de Pasteur, así que sus últimas palabras se tomaron como las divagaciones de un moribundo.

En 1975, una vez que se pudo acceder a sus cuadernos de laboratorio, Gerald L. Geison lo publicó en el libro “The Private Science of Louis Pasteur” donde se muestra que Pasteur plagió a su maestro Bechamp. Los estudios del maestro sobre las relaciones entre enfermedad y microorganismo, Pasteur los plagió, segó y simplificó, para afirmar que los gérmenes son la causa, lo cual se ha mostrado que, en la mayoría de los casos, son más bien la consecuencia de una causa previa ambiental. También le plagió el descubrimiento de la fermentación del vino y la leche, mostrando que no conocía bien los procesos de fermentación. En general, el cuaderno muestra que manipuló y arregló datos por encima de toda ética científica.

La infección no sería tal como pregona la teoría del germen, sino que es un proceso más complejo que la simple idea del germen que ataca. Una visión dicotómica de “microorganismo malo – antibiótico bueno” es demasiado simplista y no responde adecuadamente a las causas de una infección.

Para las farmacéuticas, la idea de que el germen es peligroso le es favorable, porque con la complicidad de los medios de información, fácilmente puede generar miedo en la población que puede llegar a pensar en un mundo peligroso que sólo las vacunas y antibióticos pueden defenderle. Pensemos en los miedos globales que generó la gripe A o la aviar. Una mentira se convierte en verdad si tiene detrás, como razón, la reiteración soportada con grandes cantidades de dinero, e instalada como una verdad más que comprobada, generación tras generación.

Que la causa de la enfermedad son los gérmenes que llegan del exterior, justifica la comercialización de tantos y tantos “productos medicinales”. Si fuera el medio el que genera un desequilibrio orgánico, entonces lo adecuado es simplemente restablecer el equilibrio, modificando adecuadamente las condiciones e interacciones con el medio. En este caso, la salud depende del conocimiento y medidas que adoptará el enfermo, mientras que, en el primer caso, la cura no depende del enfermo, sino que queda en manos del sistema sanitario (médicos, medicamentos y demás).

Hoy en día, es notable la cantidad de investigaciones que se focalizan en torno a los microorganismos, en comparación con las que analizan la influencia de las condiciones poco saludables del medio para la salud. Esto no hace más que prometer un futuro incierto sobre la salud individual y social.

Una visión alternativa de los “virus”

Por definición, un virus “es un agente infeccioso microscópico acelular que solo puede multiplicarse dentro de las células de otros organismos”. Sin embargo, desde posiciones alternativas, entre ellas “la Visión Interactiva de la Salud (ViS)”, esta entidad se conceptualiza de otro modo para ser coherente con la idea de que algunas enfermedades son causadas por la interacción con un medio insano.

Atendiendo al tipo de causa de la muerte celular puede ser, por un lado, accidental debido a una enfermedad, una lesión, una respuesta a agentes tóxicos externos, procesos inflamatorios o a mecanismos de defensa. Por otro, puede ser el resultado de un proceso natural por el cual las células viejas mueren y son reemplazadas por otras nuevas. La muerte celular programada está regulada genéticamente y su cometido es eliminar células superfluas, dañadas o mutadas. El organismo marca un ritmo continuo de regeneración y muerte de las células para que las funciones básicas orgánicas estén optimizadas a fin de garantizar el equilibrio interior.

La muerte celular conlleva la activación de enzimas que degradan el propio material genético celular, proteínas nucleares y citoplasmáticas, fragmentando la célula en trillones de pedazos. Este proceso, millones de células mueren a diario. Entre estos pedazos se preservan muchos residuos genéticos, pero es un material inerte que no tiene capacidad de duplicarse, moverse o asimilar alimento. Por supuesto, no provienen de una invasión exterior, sino de la división de células sin vida. Estos “desechos” pueden terminar siendo absorbidos por otras células o ser eliminados como material tóxico.

Los exosomas

Se llaman exosomas a las pequeñísimas vesículas que resultan de la degradación celular. Contienen proteínas, lípidos y sustancias bioactivas, incluidos fragmentos de ARN- que tienen capacidad hasta para modificar los genes de otras células Y circulan por todos los fluidos del organismo, tanto las endógenas como las procedentes de los alimentos que digerimos lo que demuestra la enorme importancia de lo que bebemos y comemos.

Los exosomas resultan de la muerte celular y son transportados a todos los tejidos por los líquidos corporales: sangre, linfa, saliva, humores acuoso y vítreo, bilis, flemas, moco, leche materna y líquido cefalorraquídeo. Son microscópicos, unos 100 nanómetros, mientras la célula es 100 veces más grande. Conservan las proteínas de la membrana celular de origen, lo que permite ser reconocidas por las demás células por lo que juegan un papel relevante en la comunicación celular. Contienen proteínas, lípidos, hormonas y ARN mensajero. Actualmente se estudian los intercambios genéticos horizontales en el sistema inmune, células madre, testículos, etc. Intercambio que se podría hacer también con los exosomas externos de los alimentos.

Los científicos se han percatado de las similitudes entre exosomas y virus dado que sus tamaños y contenidos, incluidas las cadenas de ARN, son muy parecidos, pero aún no está claro hasta dónde llega la semejanza. Lo que sí parece prematuro suponer que son dos entidades diferentes dado la naturaleza beneficiosa del exosoma y supuestamente patógena del virus. En el laboratorio es casi imposible distinguir las vesículas extracelulares de los virus, probablemente porque en toda preparación viral hay mezcla de virus y exosomas, lo que resulta casi imposible su aislamiento. A día de hoy no existe método viable alguno que garantice realmente una completa separación, pero los progresos científicos actuales señalan que se ha exagerado la intensidad patógena del virus por varios motivos:

  • Dentro del organismo en simbiosis con nuestras células, las bacterias sobrepasan en número a las células de 10 a 1 y los bacteriófagos sobrepasan el número de bacterias de 10 a 1, siendo su presencia esencial para el buen funcionamiento orgánico. Fuera, también vivimos inmersos en un mar de bacterias y virus, así, por ejemplo, en una gota de mar hay un millón de bacterias y en un gramo de tierra cuatro millones. Respiramos una media de 14.000 microbios por hora. Hay entre 5 y 25 veces más virus que bacterias. Sardín afirma que si los microorganismos fueran tan patógenos como sugieren en ámbitos farmacéuticos, moriríamos de inmediato.
  • La contrastada simbiosis entre el microbiota con el organismo, sugiere más bien una imagen armónica de colaboración más que de confrontación. Investigaciones recientes han comprobado el papel beneficioso que tiene el microbiota para el buen funcionamiento del cerebro, de la digestión o del sistema inmune. Esta armonía simbiótica se rompe cuando se introducen tóxicos (alimentos procesados industrialmente, agua o aire contaminado, alimentos con agroquímicos, químicos del hogar, etc.) que el organismo no puede asimilar y crean un ambiente tóxico en algún tejido donde acuden los microrganismos para intentar regular el equilibrio perdido, aunque no siempre se logra. Cuando se investiga la zona de conflicto, lógicamente se encuentra una concentración de microorganismos, pero esto no significa que sean la causa de la enfermedad sino su consecuencia.
  • Atendiendo a las estructuras genéticas del genoma de nuestras células se ha comprobado que contiene cadenas genéticas bacterianas y víricas que, incluso podrían haber jugado un papel en la diversificación y alteración del ADN humano, por medio de transferencias horizontales de genes. Los virus y las bacterias han intervenido activamente en la construcción del genoma humano ya que buena parte del éste contiene cadenas virales.

En pocas palabras, la conceptualización del “virus”, adquiere sentido en el seno de la “teoría del germen”, donde esta vesícula se le asigna el papel de patógeno que invade nuestro organismo creando una infección. Pero desde una visión alternativa, vistas las investigaciones actuales hay serias dudas de que esto sea así y caben varias posibilidades:

  • Los virus no existen, es más bien un constructo malintencionado y interesado. A esa escala solo existen los exosomas y otras vesículas similares.
  • Los virus puede que existan diferenciados de los exosomas, pero la tecnología aún no ha avanzado suficiente para su diferenciación, para ser aislados o para asignarle su carácter de patógeno.

Hay una corriente significativa de autores que sugieren ver en la toxicidad la explicación de las enfermedades sin tener que usar como causa el virus. Los fragmentos alrededor de 100 nanómetros son materiales inertes que no tiene metabolismo ni puede duplicarse y, por lo tanto, no puede provocar ningún daño al organismo. Puede que dichos fragmentos sean nocivos en la medida que exista cierto grado de toxicidad en los tejidos adyacentes, cuyos efectos podrían ser pocos significativos si las condiciones del medio interno del organismo tienen vitalidad suficiente para eliminarlos. Los llamados virus serían vesículas que no serían la causa sino la consecuencia cuando se perciben asociados a tejidos degradados. Una actitud escéptica ante los efectos que nos cuentan de los “virus”, incluso de su existencia, sería lo más adecuado.

 

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