Las controversias sobre la causa de las infecciones

A mediados del siglo XIX, la historia de la medicina registra una confrontación entre Béchamp y Pasteur, dos científicos franceses, de tal importancia que ha determinado el desarrollo del sistema sanitario actual sobre los principios fijados entonces, a pesar de la ingente cantidad de nuevos descubrimientos, sobre todo, en el área de la biología.

  • Bechamp sostenía que cuando la interacción con el medio acumula toxicidad en exceso, se crea un ambiente donde los microorganismos (el llamaba “microzimas”, partículas más pequeñas con vida) se transforman para adaptarse a los cambios y, eventualmente, convertirse en agentes patógenos, es decir, los gérmenes no son la causa de la enfermedad sino el resultado de un estilo de vida y su forma de interactuar con el medio.
  • Pasteur, por el contrario, pensaba que la causa de las infecciones se debía a los gérmenes. Desde los griegos, era predominante considerar que la causa de la enfermedad provenía del interior del enfermo debido a un desequilibrio con el medio, a partir de Pasteur se fija la causa de la infección a un ente externo.

Finalmente, fue esta última teoría la que se fue imponiendo en el sistema sanitario, excluyendo a la primera, no tanto por su fortaleza científica. que no se mostraba coherente con los resultados experimentales como por las posibilidades financieras para la incipiente industria de los fármacos que da cobertura teórica a productos tales como los antibióticos, las vacunas o, en general, a un buen número de tratamientos farmacéuticos.

Nuevos descubrimientos

La teoría evolutiva, salvo en procesos transitorios, los seres vivos se desarrollan en equilibrio con el medio, sin lo cual es imposible la vida. El conjunto del planeta se comporta como un ser vivo donde aparecen múltiples procesos para establecer equilibrios. También los humanos somos consecuencia evolutiva de continuos procesos de equilibrio con el entorno social y natural.

Por extensión, también existe un equilibrio con los microorganismos; no podría ser de otro modo. Para hacernos una idea, vivimos en un mar de microorganismos, así, por ejemplo, en aguas marinas superficiales hay alrededor de 10.000 millones por litro y unos 5000 millones por gramo de tierra seca y 100 billones de bacterias ¡10 veces más que células¡, que aportan aproximadamente entre 1 y 2kg al peso corporal.

En los últimos años, se han focalizado las investigaciones sobre la función que tiene la microbiota (conjunto de microorganismos hospedados en el organismo) confirmando su simbiosis con el organismo, de modo que, de no existir, sería imposible la vida de una persona. Estudios recientes consideran la microbiota como un órgano más de cuerpo que permite explicar o curar enfermedades ligadas al sobrepeso, a algunas deficiencias del cerebro, procesos inflamatorios en el aparato digestivo o a determinadas alergias debidas a un sistema inmune debilitado del cual forma parte.

Pero hay mucho más, el ser humano tiene unos 23.000 genes, mientras que su microbiota suma más de 3 millones de genes que interactúa con la genética celular propia usualmente a través de los exosomas. Esto permite afirmar que los microorganismos constituyen la mayor parte de nuestro genoma. Si, además, son protectores de nuestro organismo ¿a qué es debido que tengamos una visión tan patógena de éstos?

La simbiosis de la microbiota, no hace pensar que puede ser causa del desequilibrio de una enfermedad pues sería imposible la recuperación del organismo una vez invadido y debilitado por patógenos. Las causas se deben a otros factores. Y es que se viene asociando erróneamente a la microbiota enfermedades con un claro origen ambiental, como enfermedades mentales o autoinmunes producidas por debidos productos tóxicos.

Ocurre que, ante una acumulación tóxica, parte de la microbiota se desplazan a los tejidos afectados para cumplir su función de reciclaje, descomponiendo las células nocivas y prepararlos para su eliminación. Siempre, en la zona enferma se detecta la presencia de microorganismos, lo que pudiera hacer pensar que son la causa de dicha enfermedad cuando en realidad son la consecuencia mientras la verdadera causa ha sido algún factor ambientar tóxico.

Béchamp tenía razón

Volviendo a la antigua confrontación entre Béchamp y Pasteur, la fuerte simbiosis de la microbiota con el organismo parece dar la razón al primero, es decir, los microorganismos hospedados en un cuerpo sano no tienen razón alguna para actuar como patógenos, solo cuando se interacciona con elementos tóxicos del medio, radiaciones, comida industrial o agua y aire polucionados, etc., se da una acumulación en algunos tejidos y “llaman” a las bacterias para que hagan su función recicladora.

A la vez que se ha ido confirmando la hipótesis de que los factores del medio son los que causan principalmente las infecciones, ha ocurrido justo lo contrario con la teoría de los gérmenes de Pasteur cuando hace unos años se pudo acceder a sus cuadernos de laboratorio.

En 1975, una vez que se pudo acceder a sus cuadernos de laboratorio, Gerald L. Geison lo publicó en el libro “The Private Science of Louis Pasteur” donde se muestra que Pasteur plagió a su maestro Bechamp. Los estudios del maestro para ver las relaciones entre enfermedad y microorganismo, Pasteur los simplificó, para afirmar que los gérmenes son la causa, lo cual se ha mostrado que, en la mayoría de los casos, son más bien la consecuencia de una causa previa ambiental. También le plagió el descubrimiento de la fermentación del vino y la leche, mostrando que no conocía bien los procesos de fermentación. En general, el cuaderno muestra que manipuló y arregló datos por encima de toda ética científica.

Los postulados de Koch que pretenden dar rango científico a la relación causal entre gérmenes e infecciones, raramente se cumplen lo que ponen en duda la teoría de Pasteur cuando afirma que los gérmenes los que causan las infecciones. Los postulados de Koch son: a) el germen debe ser hallado en todos los infectados, pero no en organismos sanos, b) debe ser aislado en cultivos fuera del cuerpo, c) inoculado en un organismo sano, causa la misma enfermedad y d) si de nuevo se aísla debe ser idéntico al original. Fueron objeto de nuevas formulaciones para adaptarlos a los datos experimentales, pero sin éxito.

En la actualidad, está tomando peso entre eminentes microbiólogos, el afirmar que los virus son partículas, denominadas exosomas, procedentes de células muertas y, por tanto, es material genético inerte, por lo que en ningún caso son patógenos.

Qué hay detrás de la confrontación

En pocas palabras, hay una visión benigna donde se da una simbiosis entre organismos, sean grandes o pequeños y existe una visión más belicosa que quiere mostrar una constante tensión entre los microorganismos y los demás seres vivos, una concepción competitiva de una naturaleza poblada de enemigos.

Sin lugar a dudas, en el sistema médico actual, y desde hace ya más de 200 años, es mayoritaria la visión bélica, impuesta por intereses económicos farmacéuticos y no tanto por razones científicas. Siguiendo la lógica de los beneficios, se multiplican las investigaciones comprometidas con los intereses farmacéuticos que terminan confirmando, de un modo u otro, los efectos nocivos de los microorganismos patógenos, a la vez que eclipsan las investigaciones que se alinean a la versión benigna donde la principal causa de las enfermedades es la toxicidad del medio.

La teoría de los gérmenes ha servido de caldo de cultivo idóneo, para la implementación de diversas estafas sanitarias, como la gripe A, la gripe porcina o la actual pandemia de covid19.

¿Y qué pasa con los carteles del ayuntamiento?

Con la ayuda del bombardeo mediático hace ya más de un año y de nuestras creencias inculcadas desde nuestra más tierna infancia sobre el sistema sanitario, tenemos una visión del Covid19 como algo maligno, omnipresente y agazapado dispuesto a causas muchas muertes.

En ese contexto belicoso se han diseñado los carteles del Ayuntamiento de Almería sobre este virus y es así como se admite por la mayoría con cierta normalidad pues piensan que alertan de un peligro real y se ve la iniciativa del ayuntamiento con buenos ojos ya que así “vela por el bienestar de sus ciudadanos”

Para las personas que admiten la versión benigna de los microorganismos que están ahí para protegernos, leer las frases de los carteles crea de primeras un golpe emocional, una sensación de “que locura es esta” y cuando se relee se perciben como un exceso innecesario que debería ser penado.

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